lunes, 6 de agosto de 2012

Las tres fuentes del derecho (Parte V): Los que traicionaron al iusnaturalismo.


En la entrada anterior mencionamos algunos derechos iusnaturalistas, vale la pena volver a mencionarlos:
1. Derecho a la vida.
2. Derecho a la propiedad.
3. Derecho a la legítima defensa.
4. Libertad de acción.
5. Libertad de asociación.

Todos son derechos negativos, es decir, derechos que se pueden garantizar simplemente negandole a otras personas actuar contra ti (no debe confundirse el adjetivo negativo en sentido pesimista, sino estrictamente en el sentido lógico relativo a la negación). En contraste, los derechos positivos son aquellos que requieren la actuación de otras personas para poder garantizartelos, por ejemplo, el derecho a la salud requiere que un médico actúe en tu beneficio. Esto tiene una importancia fundamental: los cinco derechos que mencionamos al principio (junto con el resto de derechos negativos), siguen siendo garantizables (y más aún) si estuvieras en una isla desierta. En cambio, si sufres una lesión en una isla desierta, ¿quien te va a garantizar el derecho a la salud? Si estas muriendo de hambre, ¿quién te va a garantizar el derecho a un salario justo? Si estas muriendo de frío, ¿quién te va a garantizar el derecho a una vivienda digna? Pero incluso si tienes el derecho a la salud, resulta que sufriste una lesión, y tienes la suerte de que hay un médico disponible, ¿está obligado a curarte? ¿y si intentas obligarlo contra su voluntad no entraría esto en conflicto con la libertad de acción y asociación del médico?

En un sistema legislativo (sea cual sea), no deben existir leyes ni derechos que entren en contradicción unos con otros (por la sencilla razón de que no tiene valor una legislación que juzga a alguien inocente y culpable al mismo tiempo). Si el médico está obligado a curarte, entonces éste no tiene verdadera libertad de acción. Si alguien más tiene que garantizarte una vivienda, entonces quien te la garantizó no tiene verdadero derecho a la propiedad. Si alguien más debe morir para que tú vivas, entonces quien muere no tiene derecho a su vida. Si queremos imponer el derecho a la salud, a un salario justo y a una vivienda digna, entonces debemos sacrificar los derechos naturales. Pero sacrificar los derechos naturales es ir en contra de nuestra naturaleza humana, y esto quiere decir que estamos sacrificando la paz a favor de la violencia, la racionalidad a favor de la irracionalidad, y la producción a favor del saqueo. A los defensores de los derechos positivos les encanta hablar de la naturaleza social del ser humano para justificar la solidaridad impuesta y el robo institucionalizado, es decir, que usan el Derecho Natural solo en la parte que les conviene, pero no van más allá. No dicen que, además de la naturaleza social, habría que aceptar la naturaleza irracional del ser humano para justificar sus leyes. Pero eso no importa, porque al declarar implícitamente la naturaleza social, carroñera, violenta e irracional del ser humano, y legislar de acuerdo a ello, eso es precisamente lo que obtenemos: una sociedad que se pudre en el saqueo, la violencia y la arbitrariedad. ¿Tiene todo más sentido ahora?

Justificar a través del Derecho Natural el sistema y leyes que rigen en el mundo actualmente, requeriría una visión del hombre como un ser de naturaleza monstruosa, como un animal irracional, violento y ladrón. Y esta visión, desde luego, no le es útil ni a los estatistas, ni a los demócratas, ni a los socialistas para ganarse el apoyo de sus congéneres (por más que sea justamente esa su visión del ser humano). Si un estatista intentara justificar la prohibición de armas (mientras exalta el monopolio estatal de la violencia), los servicios gubernamentales (como educación, sanidad, energía, etc) y los impuestos mediante Derecho Natural, algo como esto tendría que decir:

- Que somos unos seres violentos, y que por lo tanto debemos estar desarmados y ser constantemente vigilados y controlados por las fuerzas del orden (con lo que justifica el desarme del ciudadano y el monopolio gubernamental de la violencia).
- Que somos unos seres irracionales, y por lo tanto no estamos en capacidad de manejar nuestro propio dinero, lo que hace necesaria una autoridad que lo maneje por nosotros de la manera más adecuada a nuestros intereses (con lo que justifica los servicios "públicos").
- Que somos unos seres carroñeros, y que es parte de nuestra naturaleza robar a nuestros congeneres, lo que justifica que el aparato estatal haga lo propio y, en nombre de nuestro propio bienestar, controle la manera como robamos nosotros (lo que justifica los impuestos).

Notemos que, al final, el gobierno no prohíbe robar, simplemente impone controles y protocolos al robo, de modo que quien ingresa al sector gubernamental (y al sector privado que tiene cables con el gobierno) puede disponer de la propiedad de otras personas por métodos violentos y de manera legítima. Viéndolo así, no es raro que los gobiernos (y sus aliados) hagan todo lo posible por minimizar al Derecho Natural, silenciarlo y hacerlo caer en el olvido. Precisamente porque el iusnaturalismo no les hubiera permitido justificar el poder animal que buscaban, tuvieron que encontrar otra plataforma jurídica que justificara sus actos. Y ahí es donde entró el positivismo jurídico.

Con el positivismo jurídico, la ley ya no era el medio, sino el objetivo. La ley de pronto se justificaba a sí misma, lo que le daba la via libre a todos los que pudieran ingresar al aparato legislativo, para hacer de ella un arma y usarla en su beneficio. Los defensores del positivismo jurídico no tienen empacho en aceptar que incluso el derecho más básico (el derecho a la vida), no es tal en tanto tu gobierno no se suscriba a los tratados internacionales de derechos humanos. Esto quiere decir, que si vives en Ruanda, pero Ruanda no se ha suscrito al tratado, entonces no tienes derecho a la vida, ni a la libertad, ni a nada, es decir, que eres una simple hormiga que el gobierno puede sacrificar en cualquier momento. Bajo el positivismo jurídico, tus derechos no son más que una dádiva que te da el gobierno, y a quien al parecer deberías estar muy agradecido por no aplastarte.

Tras la revolución francesa, cortadas las cabeza de los reyes, la élite tuvo que refugiarse en una de las últimas opciones: ceder algo de poder al individuo (democracia) para recuperarlo después (partidocracia). Hoy, no hay mucha diferencia entre un político y un noble de los que caminaban arreglados y perfumados por Versalles. Fueron los nuevos monarcas (gobernantes, alcaldes, presidentes, etc), quienes se dieron cuenta mucho antes (y mucho mejor) que nosotros, que esto no se trataba de una simple discusión filosófica sin alcances más allá de un aula mohosa, sino de toda la estructura de poder y corrupción que creció y se afianzó alrededor del Estado.

No sorprende entonces que los gobiernos de todo el mundo hayan combatido con rabia al iusnaturalismo. Lo que en cambio sí resulta sorprendente (al menos en un principio) es el apoyo por parte de la gente de a pie hacia el iuspositivismo. No es raro escuchar a la gente (sobre todo a aquellos de sectores denominados "progresistas") decir que tienes derecho a tu propiedad solo si el interés público no requiera esa propiedad para algún iluminado objetivo (de ahí a decir que tu vida es condicionada al interés público, solo hay un paso). Desde luego, se les olvida que quien va a fijar los criterios de qué cosas resultan de interés público, son justamente los gobiernos. Uno esperaría que el ciudadano común, aquél que no goza las ventajas de pertenecer a la élite gobernante, fuera un férreo defensor de la seguridad jurídica que brinda el iusnaturalismo, que estuviera consciente de que son precisamente los gobiernos los que van a intentar violentar el derecho de otras personas, y que por lo tanto no es precisamente una buena idea dar al gobierno el poder de la ley (poder que le es garantizado bajo el iuspositivismo).

Sin embargo, lo que en un principio resulta sorprendente, no lo es si consideramos la enorme maquinaria de propaganda, confusión, manipulación y adoctrinamiento que desplegaron los gobiernos para tales fines, junto con los incentivos adecuados para hacer a la gente abandonar su propia seguridad jurídica. Después de todo, no es difícil convencer a la persona X de que renuncie a su derecho a la propiedad, bajo la promesa de que el gobierno, a cambio, violentará la propiedad de la persona Y para dársela a X. Por supuesto, de lo que no se dio cuenta X, es de que el gobierno hace exactamente la misma propuesta a Y, de modo que a continuación el gobierno roba a X para dárselo a Y. Así que que si tanto X como Y tenían 100 gallinas cada uno, lo que sigue es que el gobierno le quita 60 gallinas a X y le da 45 a Y, y a continuación le quita 50 a Y y le da 40 a X, con lo que al final X se queda con 80 gallinas, Y con 95 y el gobierno con 25 gallinas.

Sonaría a que se requiere un nivel de imbecilidad extremo para no darse cuenta de tremendo fraude, pero no olvidemos que no son gallinas de lo que estamos hablando, sino de salarios, predial, impuestos progresivos, IVA, fondos para el retiro, educación y salud públicas, carreteras, concesiones, etc, etc, etc. Y todo metido y revuelto de una manera tan enredosa que al final nadie sabe exactamente cuánto le robaron y cuánto recibió, pero cada uno cree que ha logrado chupar de los demás un poco más de lo que los demás le han chupado (ese es al final el mayor incentivo para renunciar a los propios derechos: pensar que renunciando a ellos, podrán obtener más de lo que hubieran obtenido conservándolos). Pero si bien los seres humanos pueden violar la Ley Natural y engañar a sus hermanos, no pueden hacer lo mismo a la naturaleza. Precisamente por ser la naturaleza un juez incorruptible, esta terminará castigando a toda sociedad que decida alejarse de las leyes que ella misma impone. Sí, hemos sido juzgados, y castigados, y la pena por transgredir la Ley Natural es vivir en nuestra sociedad actual y estar a merced de las peores personas.

No hay nada más alejado del iusnaturalismo (y de la libertad que brinda) que el sistema actual, por más que los defensores de nuestro sistema podrido griten que aquí rige el capitalismo salvaje ultraliberal y que la libertad ha fracasado. Su lucha es una lucha absolutamente consciente por eliminar lo que nos queda de derechos, y en esta batalla, van ganando con nuestra silenciosa aprobación. Estamos regresando tan rápido a la era de los reyes, que cuando nos demos cuenta de las verdaderas intenciones detrás de todo el discurso político progresista, ya va a ser demasiado tarde para nosotros. Lo único que nos brinda esperanza es que seguimos siendo seres humanos, y debido a eso, el iusnaturalismo no puede morir. Solamente seguirá castigando al hombre, y esperará el día en que volvamos a estar listos para escucharlo.

miércoles, 1 de agosto de 2012

Las tres fuentes del derecho (Parte IV): Las leyes del iusnaturalismo.


En la entrada anterior acordamos la base para una construcción racional de las leyes iusnaturalistas, que es, en resumen, la naturaleza racional, social, pacífica y productora del ser humano. Viene la parte más difícil, ¿que ley o leyes son las más acordes con dicha naturaleza? Mencionemos algunas:

1. Que todo hombre tiene derecho a dirigir su propia vida de acuerdo a los criterios que considere convenientes.
2. Que todo hombre tiene el derecho a asociarse con las personas que considere adecuadas.
3. Que todo hombre tiene el derecho a disponer de aquello que produce.
4. Que todo hombre tiene el derecho a defenderse de quien inicia la violencia.

El punto 1 es consecuencia directa de nuestra naturaleza racional. Si fueramos irracionales, necesitaríamos quién nos salvara constantemente del peligro y de la muerte. Nuestra naturaleza racional nos dice que estamos capacitados para vivir, eso es, para dirigir nuestras vidas de acuerdo a lo que consideremos más conveniente.

El punto 2 es consecuencia de nuestra naturaleza social y del punto 1. El hecho de que estemos capacitados para interactuar con nuestros congéneres nos da la libertad de buscar su compañía. El que seamos racionales nos da el permiso de elegir la compañía que consideremos adecuada. Notemos que un niño es un ser social, pero no es absolutamente racional, y es por esto que no podemos dejar a su criterio con qué personas se asocia.

El punto 3 es consecuencia de nuestra naturaleza productora y del punto 1. El quitar a un ser humano aquello que produce para darle un uso que no aprueba, requiere negar su capacidad racional, es un equivalente a decirle "has producido un bien, pero tú no tienes la capacidad de juzgar cuál es el mejor uso que se le puede dar, y por lo tanto, no tienes derecho a usarlo como a ti te parezca". El punto 1 es esencial. Un brazo róbotico en una fábrica de autos, tiene también naturaleza productora, pero no racional, y es por eso que el brazo robótico no puede decidir qué uso se le va a dar a lo que produce.

El punto 4 es consecuencia de nuestra naturaleza pacífica y del punto 1. Un ser humano que no tuviera el derecho a defenderse de una agresión, no tardaría en ser víctima de quienes intentan violar sus derechos. El inicio de la fuerza nunca está justificado, pero el uso de la fuerza en defensa de una agresión previa sí que lo está. Más aún, su naturaleza racional nos dice que el ser humano es perfectamente capaz de hacer juicios de valor, y que por lo tanto, éste puede hacer uso de la legítima defensa. Quien no le permite defenderse de un agresión, le está diciendo "tu naturaleza pacífica te da derecho a no sufrir daño, pero tú no sabrías cuál es la defensa más adecuada a tu agresión, y por lo tanto, debes dejarle ese trabajo a alguien más", con lo que le está diciendo "ser racional no está en tu naturaleza".

Hasta ahora, habíamos hablado de su naturaleza racional, social, pacífica y productora. Pero notemos que esas son características psicológicas. El ser humano también tiene una naturaleza física. Para empezar, es un ser vivo, de modo que hacer cualquier cosa que atente contra su naturaleza de ser vivo, es también un delito de acuerdo a la ley natural. El ser humano tiene el derecho a su vida, por la simple razón de que es un ser vivo. En ese sentido, la agresión física va no solo contra su naturaleza pacífica, sino también contra la propia naturaleza de ser viviente.

De modo que llevamos hasta ahora 5 derechos y libertades del ser humano que, curiosamente, son todos derechos negativos:

1. Derecho a la vida.
2. Derecho a la propiedad.
3. Derecho a la legítima defensa.
4. Libertad de acción.
5. Libertad de asociación.

Hay más derechos que se pueden mencionar, desde luego, pero lo importante es que cada uno debe ser adecuadamente justificada de acuerdo a la naturaleza del hombre. El hecho de que el 90% de la población diga que tiene derecho a un salario digno, sin justificarlo de acuerdo a la naturaleza del hombre, no puede ser (de acuerdo al iusnaturalismo) una fuente de derecho, porque del mismo modo, el 90% de las personas podría decir que tiene derecho a vivir libre de judíos y mandarlos a campos de concentración (cosa perfectamente válida de acuerdo a los defensores del Derecho Consuetudinario). Por otra parte, el hecho de que un legislador apruebe una ley que te obliga a ceder todos tus bienes al gobierno tampoco es fuente de derecho, porque del mismo modo, un legislador podría aprobar una ley que diga que los judíos deben dirigirse a la brevedad a su campo de concentración local para ser gaseados (cosa perfectamente válida de acuerdo a los defensores del Derecho Positivo).

La Ley Natural actúa entonces como la primera guardiana del ser humano, y sin embargo, son pocos los que actualmente la defienden (e incluso hay quien la ataca abiertamente), ¿por qué será eso? De los enemigos del iusnaturalismo, y su campaña para regresar a la Edad Media, hablaremos en la siguiente (y última) entrada de ésta serie.

Continuará...

viernes, 27 de julio de 2012

Las tres fuentes del derecho (Parte III): La naturaleza del hombre.


En la entrada anterior hablamos del Derecho Natural, aquel que el ser humano debe respetar si quiere vivir de acuerdo a su naturaleza.

Volvamos a hacer incapie en el concepto de "naturaleza humana". De toda la teoría del Derecho Natural, este es el concepto más polémico, y el principal argumento en contra de éste, pues existen opiniones fundamentalmente distintas de lo que es. ¿El ser humano es en su esencia racional o irracional? ¿es solitario o es social? ¿pacífico o violento? ¿productor o destructor?

Dios del cabo artemisio,
escultura griega en bronce.
Pero seamos claros: que exista desacuerdo sobre cuál es la naturaleza del Hombre, no quiere decir que ésta no exista. El Hombre tiene una naturaleza, y si aún no la conocemos, es nuestro deber encontrarla. Que no conociéramos las leyes que rigen la atracción de los cuerpos no impidió que las buscáramos mediante teoría y experimentos, y que fuéramos encontrándolas poco a poco. Pero incluso hoy, no tenemos todas las respuestas en la física, ¿es esto motivo para dejar de buscarlas? ¿es motivo para abandonar la ciencia y regresar al misticismo de la religión? La naturaleza del Hombre será la base axiomática de nuestra teoría. Una vez que esta quede determinada, las leyes del Hombre (Leyes Naturales) serán únicas. Ahora bien, ¿cual es la opinión general de los iusnaturalistas (los defensores del derecho natural) acerca de la naturaleza del ser humano?

¿Es racional o irracional? RACIONAL. El ser humano vive gracias a su mente. La naturaleza no le dio al Hombre garras, ni una visión notable, ni una piel gruesa, ni velocidad, ni buen oido u olfato, ni fuerza. Somos la especie más exitosa del planeta, y sin embargo, puestos desnudos en una competencia contra prácticamente cualquier otro depredador, nos veríamos indefensos, siendo que el hombre es también un depredador. No, el ser humano no goza de esas adaptaciones, y tampoco las necesita, porque tiene su mente. Es la mente la adaptación natural que el ser humano usa para sobrevivir (no es la única, desde luego, pero es la principal). El ser humano debe pensar, porque no puede atrapar a una gacela a base de velocidad, fuerza bruta o cualquier otra adaptación. Pero notemos que una mente irracional no sobreviviría por sí sola. Un ser humano que piense que la presa va a llegar directo a su hoguera, o que el león que se dirige hacia él cambiará de dirección en el último momento, no vivirá mucho tiempo. Para sobrevivir, no solo debemos usar todo el poder de nuestra mente, sino que debemos canalizarlo para usarlo de manera racional y creativa. La naturaleza impone métodos, las cosas no se hacen por capricho. Luego, el ser humano tiene que ser racional, esa es su naturaleza.

¿Es solitario o es social? SOCIAL. Este es, probablemente, el punto menos polémico. Nadie negaría que el ser humano siempre buscará la compañía de sus hermanos. Vivir en sociedad hace infinitamente más fácil la vida al hombre, la naturaleza prácticamente le impone la obligación de asociarse con sus semejantes. Desde luego, que no es un requisito indispensable mantenerse como parte de un grupo (como sí lo es, por ejemplo, para las hormigas), pero que seamos capaces de sobrevivir solos no quiere decir que esto sea lo que queramos.

¿Pacífico o violento? PACÍFICO. Pareciera una necedad decir tal cosa viendo la historia de la humanidad, una historia llena de sangre. Pero el peso de toda esa sangre no debe ser arrastrado por el Hombre, sino por los gobiernos. Prácticamente todas las guerras, muertes y genocidios de la historia han sido obra de los gobiernos, no del Hombre, y si bien es cierto que gobierno, sociedad y ser humano son cosas estrechamente ligadas, cada una puede tener causas y efectos esencialmente distintos. ¿El gobierno elige a la gente violenta para entrar al ejército? ¿o es más bien que vuelve violentos a sus soldados? Esos jovenes que un día salen en las noticias asesinando mujeres y niños en Irak eran gente normal (como lo demuestra el simple hecho de que pasaran unas mínimas pruebas psicológicas para ingresar al ejercito), era gente que estudió contigo y que te acompañó a beber una cerveza. No estaba en sus genes ser un asesino.

Esto tiene que quedar claro: el ser humano no nace violento, se vuelve violento por culpa de su entorno. Si fuera violento con sus congéneres por naturaleza, entonces simplemente no sería un animal social. Pensemos en los tigres, que solo se juntan para aparearse, y que cuando dos machos se encuentran hay una pelea inmediata (o la huida de alguno de los dos). El hombre no es así, si fuera así, jamás habría podido formarse en sociedades. En algún punto de la historia algo lo hizo un ser sediento de sangre. Podemos enseñar a un tigre a base de castigos a ignorar sus instintos y hacerlo saltar a traves de un aro en llamas, pero esa no es su naturaleza. El tigre nunca va a ser feliz haciendo eso, y del mismo modo, obligar a un ser humano a matar gente va contra su propia naturaleza. Por eso los veteranos de guerra terminan volviéndose depresivos, dependientes de medicamentos, ejerciendo la violencia contra la gente que quiere (gente a la que antes de marcharse a la guerra nunca había hecho daño) o de plano suicidándose.

¿Productor o destructor? PRODUCTOR. Esto está directamente relacionado con la pregunta anterior. Desde luego que se podría decir que el hombre destruye su entorno natural, que tala los bosques y contamina los rios, pero notemos que esto no lo hace por capricho. No abre agujeros en la tierra para extraer oro y a continuación tirar todo el oro al mar, no obtiene placer en destruir solamente por destruir, porque a fin de cuentas, ¿que ventajas podría darle eso en la naturaleza? El hombre solo puede tener éxito como especie en tanto produzca y transforme, por el simple hecho de que no puede sobrevivir desnudo. Ya dijimos que no tenemos otra arma en la naturaleza más que nuestra mente, pero esta, encerrada en sí misma, no serviría de nada. La mente nos es útil en tanto nos permita interactuar con la naturaleza y transformar lo que hay a nuestro alrededor, en tanto nos permita convertir ese palo en una estaca para ayudarnos a pescar, en tanto nos permita destruir ese tronco incendiándolo, para brindarnos calor durante la noche. Precisamente porque no puede sobrevivir desnudo y sin herramientas, el hombre debe producirlas. En eso consiste su naturaleza productora.

En resumen, el ser humano es de naturaleza racional, social, pacífica, y productora. Insisto en que esto no es necesariamente una verdad absoluta. Hoy más que nunca debemos descubrir cual es la naturaleza del Hombre, y en mi caso (y en general en la mayoría de los iusnaturalistas) la lógica me ha llevado a esas conclusiones, pero se invita a quien no esté de acuerdo con alguno de estos puntos a dar las justificaciones lógicas que considere apropiadas. Solo una advertencia: No podemos decir que el ser humano es irracional porque solo vemos gente irracional a nuestro alrededor. No se puede decir que la naturaleza del perro es sacar espuma por la boca y atacar salvajemente a otros animales cuando el perro en cuestión está infectado por la rabia. El perro que muere de rabia no es precisamente un buen ejemplar para estudiar la naturaleza del animal. Del mismo modo, una sociedad sumida en la miseria, la violencia y la autodestrucción no puede usarse para estudiar la naturaleza del ser humano. Los iusnaturalistas afirmamos que nuestro mundo se derrumba precisamente porque hemos tomado un camino que va contra nuestra naturaleza.

Pensemos de nuevo en el tigre del circo: ¿afirmaríamos que su naturaleza es vivir encerrado y amar el fuego y el ruido porque lo vemos encerrado en una jaula y haciendo espectáculos? ¡NO! El tigre solo puede ser feliz viviendo de acuerdo a su naturaleza, y del mismo modo, el hombre sólo puede ser feliz viviendo como debe vivir. Miremos a la sociedad actual. Tú, que tienes computadora y acceso a internet, probablemente puedas jactarte de que, en general, eres feliz, ¿pero cuantas personas son tan afortunadas como nosotros? ¿cuantas personas mueren a diario de hambre, o bajo el azote de las enfermedades? Incluso entre los que somos afortunados de tener salud, qué comer y dónde dormir, es común ver apatía, tristeza y depresión a nuestro alrededor. Una sociedad donde más de la mitad de sus individuos viven infelices no puede ser una sociedad "natural". Como el perro con rabia, algo ha infectado a nuestra sociedad, y el resultado es que la mayoría de sus individuos son infelices. Son infelices, precisamente porque están viviendo de acuerdo a unas reglas que van en contra de su propia naturaleza. ¿Pero como vamos a ayudarlas, si no conocemos esas reglas? Esa es nuestra intención, eso es lo que los iusnaturalistas afirmamos: que el ser humano podrá vivir feliz cuando se rija de acuerdo a lo que es, no a lo que podría o debería ser. Que la única manera de eliminar el sufrimiento es vivir de acuerdo a nuestra propia naturaleza, de acuerdo a las leyes naturales, y no a leyes artificiales inventadas por individuos arbitrarios.

Y esa es la pregunta final: ¿cuales son las leyes acordes con nuestra naturaleza racional, productora, pacífica y social? Esa es la ley inmutable y eterna de la que hablaba Cicerón, y si no la recuerda, finalizo este post repitiéndola. Quizá ahora tenga más sentido que la primera vez:

"Existe una ley verdadera, de acuerdo con la naturaleza, conocida por todos, constante y sempiterna. A esta ley no es lícito agregarle ni derogarle nada, ni tampoco eliminarla por completo. No podemos disolverla por medio del Senado o del pueblo. Tampoco hay que buscar otro comentador o intérprete de ella. No existe una ley en Roma y otra en Atenas, una ahora y otra en el porvenir; sino una misma ley, eterna e inmutable, sujeta a toda la humanidad en todo tiempo...”

Continuará...

jueves, 26 de julio de 2012

Lógica para progresistas: las armas.


No entiendo la lógica contra las armas.

"Se deben prohibir las armas porque las armas están hechas para lastimar". Vale, eso es cierto. Lo que no me explico es por qué creen que los criminales no van a tener armas. O sea, ¿van a salir a asaltar con una resortera, porque está prohibido portar armas? ¿el asesino del cine en Colorado se hubiera puesto a tirar palomitas, porque estaban prohibidas las armas? De hecho, en Aurora, Colorado, está prohibida la entrada al cine con armas, de modo que no había una sola persona (aparte del loco) que pudiera detener al asesino a balazos.

"Es que protegernos es el trabajo de la policía". Bueno, pues la policía no hace su trabajo. Sí, han sido estafados y no hay devoluciones, acostumbrense a la idea. E incluso si hicieran su trabajo, imaginen que hoy mismo van al cine y un loco entra con una pistola y empieza a disparar. ¿Creen que es como en los viejos tiempos, que dispara y mata a alguien, limpia la boquilla, hecha polvora, empuja la pólvora al fondo con un palo, mete la bala, carga, y vuelve a disparar? Digo, ¿cuanto tiempo creen que necesita para matar a una multitud? ¿Una hora? ¿10 minutos? ¡90 segundos! Eso es el tiempo que tardó en llegar la policía en Aurora, Colorado. En noventa segundos mató a 12 e hirió a 58.

"Pero si permitieras las armas cualquier discusión terminaría a balazos". Pues en ese caso, ¡prohibamos también los cuchillos! Imaginate, que la gente pudiera ir por ahí con un cuchillo, y se encuentra a alguien que le cae mal, y ¡zaz! lo acuchilla. O sea, no mamen, la gente en general no esta loca, los que quieren matar matan, con o sin pistolas, y los que no quieren ¡pues no matan!

"Pero si permitimos las armas un día nuestro hijo va a encontrar la pistola en el cajón de las verduras del refri, y va a matar a alguien sin querer". ¡PUES ENTONCES NO LA PONGAS EN EL PUTO REFRI! ¡OSTIA! ¡ES QUE TAMPOCO HAY QUE PONER VENENO PARA RATAS EN UN CARTON DE LECHE Y METERLO AL REFRI, Y HAY QUE PONER LA BASURA EN EL BASURERO! ¿NECESITAS UN MANUAL DE COSAS OBVIAS?

La violencia y el genocidio
no empezaron con las pistolas.
"Pero es que tengo miedo, Maginer". ¡Pues eso es culpa tuya, no mía! Yo no voy por ahí pidiendo que prohíban las películas de terror porque me dan miedo, ni pido que prohíban ir a rapa, porque una vez un individuo rapado me asaltó. O sea, no, tus miedos infundados no son un argumento válido para absolutamente nada. Al final, ¿que tiene de distinto una pistola a un automóvil? Si un loco quisiera, podría subirse a su automóvil y atropellar a 30 personas antes de ser detenido. Y si quiere matar aún más gente, todos sabemos que se pueden hacer bombas con materiales de uso común.

Las armas son peligrosas, sí, como también lo son los automoviles, los cuchillos, las drogas, el colesterol o un estéreo cerca de la bañera. Los locos que quieren matar, lo hacen hasta con un lápiz, y los que no están locos, no son estúpidos: saben que un automóvil debe ir siempre en su carril, y que los electrodomésticos deben mantenerse lejos de las bañeras. Créeme que también sabrán dónde deben mantener su Colt .45. La humanidad siempre ha estado rozando el peligro, y así como nos la hemos ingeniado para darle un uso destructivo a cada cosa que inventamos, también nos la hemos arreglado para absorber esos inventos, y al final encontrarle usos más benéficos.

Las regulaciones son el cáncer de la edad moderna, y lo poco que ganamos con ellas, resulta siempre opacado por todo lo que perdemos por culpa de ellas. Detrás de toda esclavitud siempre hay un pueblo lleno de miedo. Quitémonos ese miedo irracional a las armas, y seremos un poco más libres.

domingo, 22 de julio de 2012

El ateísmo también es una falacia.


Triste, pero es así. Seamos absolutamente racionales y veamos qué conclusiones podemos hacer. Recordemos que el principal argumento en contra de la religión es "no puedes demostrar que Dios existe". El problema es cuando el religioso dice "tú tampoco puedes demostrar que no existe" y ahí es cuando saltamos de nuestros asientos y decimos que demostrar su no existencia no nos toca a nosotros.

Bien, eso es cierto, pero ha sido malinterpretado. Pensemos por un momento que ya no es de la existencia de Dios de lo que estamos hablando, sino de una proposición cualquiera P. La lógica del religioso es la siguiente:

- P es verdadera.
- Demuéstralo.
- Tú no podrías demostrar que P es falsa, por lo tanto, P es verdadera.

Evidentemente, ha habido un argumento falaz, conocido formalmente como falacia ad ignorantiam (se apela a la ignorancia), y es invalido, por lo que de este argumento no se puede concluir que P es verdadero. Pero ahora veamos la lógica del ateo.

- Yo digo que P es verdadera.
- Demuestralo.
- No puedo.
- Tu no puedes demostrar que P es verdadera, por lo tanto, P es falsa.

Ahora ya no suena tan bien este argumento, ¿verdad? De hecho, es exactamente el mismo tipo de falacia que en el primer ejemplo, esto es, se apela a la ignorancia del interlocutor para demostrar una proposición (en este caso, la proposición es ¬P, la negación de P). Que sea una negación no hace ninguna diferencia, después de todo, podríamos llamar Q a la negación de P (Q=¬P), y tendríamos exactamente la misma lógica que en el primer ejemplo. Al final, "Dios existe" puede verse también como la negación de "Dios no existe", de modo que ambas se pueden ver como negaciones (o afirmaciones) de una proposición que se desea demostrar o refutar.

Bien, ¿donde ha estado el problema? El problema esta en que la demostración de una proposición SIEMPRE le toca al que la hace. El siguiente es un argumento válido:

- No voy a apoyar aceptar tu proposición P, porque no puedes demostrar que P es verdadera (es decir, no voy a aceptar la existencia de Dioses, porque no puedes demostrar que Dios existe).

Pero noten que esto también aplica con ¬P (negación de P):

- Yo no puedo demostrar que ¬P es verdadero, por lo tanto, no podemos decir que P es falso (es decir, yo no puedo demostrar que Dios no existe, por lo tanto, no puedo tomar partido por dicha proposición).

Suena indignante a que no podamos decir que Dios no existe, pero tiene sentido si consideramos los siguientes ejemplos:

1. Jaime Mausan nunca ha podido demostrar la existencia de extraterrestres. ¿Es eso razón suficiente para defender a capa y espada que los extraterrestres no existen?

2. Tu vecino no te ha mostrado al mapache que vive en su casa. ¿Apostarías un millon de pesos a que no hay un mapache viviendo en casa del vecino?

3. No podemos demostrar que la función Z de Riemann tiene una infinidad de ceros no triviales con parte real igual a 1/2. Por lo tanto, ¿afirmamos que existe una cantidad finita? (este problema es mejor conocido como hipótesis de Riemann, y es hipótesis, porque no hemos podido demostrar ni la afirmación, ni la negación, de modo que no tomamos partido por ninguna de las dos).

Como científicos (y matemáticos) no podemos tomar partido, y es por eso que lo único que podemos hacer es declarar ignorancia frente a un hecho del que no podemos demostrar verdad o falsedad. No puedo decir que los extraterrestres no existen, porque nunca he visto uno, pero tampoco puedo asegurar que hay vida ahí afuera. Debemos reunir más información. El primer paso para encontrar la verdad es declarar ignorancia. La ciencia no ha progresado tanto gracias a gente que dice "no sé a que se deba esto, por lo tanto DEBE SER POR ESTO, ESTO Y ESTO". Si no sabes, entonces debes reunir más información antes de hacer afirmaciones (o negaciones) concluyentes.

Notemos que no hay ningún problema en tener creencias e hipótesis. Las hipótesis son la primera aproximación en la búsqueda de la verdad, y por lo tanto son sanas, siempre que busquemos la manera de fundamentarlas y no nos quedemos con la hipótesis como verdad absoluta. Está bien decir "yo creo que Dios no existe", y desde luego, podría haber una demostración bien fundamentada de esto. Pero dicha demostración no puede basarse en las argumentaciones dadas al principio. Quebrar la lógica nunca puede actuar en beneficio de la ciencia.

Lamentablemente, demostrar inexistencia es lo más difícil del mundo, incluso en las matemáticas. Demostrar existencia es relativamente sencillo, simplemente basta con encontrar un ejemplo que cumpla la condición (¡mira, aquí hay un alienígena!). ¿Pero como hacemos para demostrar que no existe un solo planeta en el universo aparte del nuestro, con capacidad de albergar vida? La única forma sería visitar cada planeta del universo, y encontrarlo vacío.

El ateísmo como una negación de la existencia de Dios es, por lo tanto, casi igual de ilógico que la religión (digo casi porque, en la vida real, la negación de existencia suele tener un poco más de peso, aunque formalmente sean exactamente iguales). Lo que es indudable, es que ser ateo, también requiere renunciar a la lógica en favor de una creencia no fundamentada.

En ese sentido, el agnosticismo esta mucho más apegado a la ciencia que el ateísmo. Lo dicho: triste, pero es así.


viernes, 20 de julio de 2012

Las tres fuentes del derecho (Parte II): El Derecho Natural.


"Existe una ley verdadera, de acuerdo con la naturaleza, conocida por todos, constante y sempiterna. A esta ley no es lícito agregarle ni derogarle nada, ni tampoco eliminarla por completo. No podemos disolverla por medio del Senado o del pueblo. Tampoco hay que buscar otro comentador o intérprete de ella. No existe una ley en Roma y otra en Atenas, una ahora y otra en el porvenir; sino una misma ley, eterna e inmutable, sujeta a toda la humanidad en todo tiempo...”

- Marco Tulio Cicerón.

En una entrada anterior hablamos de la Ley Estatal (Derecho Positivo), y de la Ley Social (Derecho Consuetudinario). Ambas son más o menos conocidas y son el objeto de estudio de la mayoría de los investigadores y estudiantes de derecho. Ambas dan algo de weba, también.

La que ya no es tan conocida es la Ley Natural (también llamado Derecho Iusnaturalista o Jusnaturalista). Presentémosla de manera gradual mediante ejemplos.

Imagina que despiertas un día en un planeta desierto. Tan desierto que no hay más que piedras, montañas y acantilados a tu alrededor. La atmósfera parece ser respirable, pero no hay comida, ni agua, ni rastro alguno de vida, excepto el tuyo. De todos modos, después de un tiempo te das cuenta de que nunca te da sed ni hambre, que no importa cuánto te golpees ni de cuanta altura caigas, no puedes ser dañado físicamente. En resumen: eres inmortal e indestructible. Pregunta: ¿cuales son tus deberes? ¿que ley o leyes deberías seguir? (te invito a que contestes la pregunta, y las demás que vayamos haciendo, antes de seguir leyendo).

Realmente no es difícil contestar esa pregunta, la respuesta es: podrías hacer lo que se te diera la gana. No hay leyes ni reglamentos que tengas que acatar, ni cuentas que rendir. Cualquier cosa que quieras hacer, la puedes hacer, siempre que seas físicamente capaz de ello. Si un día por diversión quieres saltar por un acantilado, no hay ningún problema, pues tu cuerpo es indestructible. Incluso podrías hacer herramientas de piedra y poco a poco construirte un castillo, y luego tirarlo, y luego... bueno, se entiende el punto. En ese planeta con un solo habitante inmortal, no hay leyes, ni obligaciones, ni derechos, ni moral.

Ahora imaginemos que despiertas ya no en un planeta desierto, sino en una isla, con abundancia de recursos. Ya no eres inmortal, sino un ser humano común. Y nos volvemos a preguntar, ¿cuales son tus obligaciones? ¿que leyes deberías acatar?

Quizá se nos ocurra que podemos dar la misma respuesta que en el caso anterior, esto es, "no tenemos obligacion alguna, ni leyes que obedecer". Bien, pues si es así, supongamos que decidimos tirarnos por un acantilado, total, hacemos lo que queremos, ¿no?

El problema es que esta vez sí podemos morir, y es razonable pensar que, a menos que en algún momento se nos haga definitivamente insoportable la soledad, nuestra primer prioridad será conservar la vida. En ese caso, ya hay cosas que no debemos hacer, hay leyes que no elegimos, pero que debemos acatar. Y una de esas leyes es evitar el daño físico. La naturaleza nos ha impuesto una ley, que debemos respetar si queremos seguir viviendo. ¿Que otras leyes nos impone la naturaleza? Saciar nuestra hambre y nuestra sed, por ejemplo. El incumplimiento de estas leyes tiene un castigo impuesto por la propia naturaleza, que en nuestro caso, es la terminación de nuestra propia vida.

Empieza a tomar forma el concepto de Ley Natural, pero aún no hemos terminado. Después de todo, somos seres humanos, y por lo tanto no solamente queremos vivir, sino que queremos hacerlo como seres humanos. ¿Estaríamos conformes con pasar día tras día desnudos, llevando a cabo la misma rutina para sobrevivir, para al final del día acostarnos a la sombra de cualquier arbol? ¿O quisieramos tener algo que llamemos "hogar", para protegernos de las tormentas, y tener ropa y fogata para protegernos del frío?

Si es así, si nuestro objetivo es vivir como seres humanos, entonces hay nuevas leyes que tenemos que obedecer, hay nuevos reglamentos a los que nos tenemos que apegar. Por ejemplo, procurarse madera y protegerla del agua para poder usarla en la siguiente fogata, reordenar los elementos que encontramos en la naturaleza para procurarse una casa, etc. Y ya que hemos construido la casa, debemos darle mantenimiento, porque en caso contrario la naturaleza no tardará en reclamar esa construcción y llenarla de plantas y animales indeseados.

De modo que cada mañana, tendremos que levantarnos y realizar ciertas actividades de manera obligatoria si queremos vivir como seres humanos. Fuera de eso, podemos hacer lo que se nos dé la gana. Podemos salir a correr y nadar, o quedarnos descansando en nuestra casa, podemos comer jabalí en lugar de mangos, o de plano decidir que está bien respetar a los animales, y dejar de comer carne. La ley que la naturaleza nos ha impuesto es intocable, y no podemos modificarla mientras no modifiquemos nuestra propia naturaleza (si en algún momento encontraramos un elixir que nos hiciera inmortales, entonces la ley cambiaría, como pasó en el primer ejemplo).

Notemos por favor algunos elementos importantes en este ejemplo: toda la isla, hasta donde has logrado explorar, es tuya. No tienes que preocuparte por la repartición de bienes, ni por derechos humanos, ni por política. Esos recursos son tan tuyos que podrías darles el uso que quisieras. No hay conflictos de intereses (pues no hay dos personas que puedan estar en desacuerdo), ni hay tal cosa como "robo" o "violencia" (al menos no entre seres humanos).

Falta un último paso para terminar de dar forma al concepto de Ley Natural. Ahora imaginemos que, un día, una tormenta hace que un barco naufrague en la isla. El barco queda destruido, pero hay sobrevivientes. Al enterarte de este suceso, tu tranquila vida en la isla de pronto está en peligro. Cuando te encuentran, pronto te das cuenta de que no son piratas, no son gente violenta, ni loca, ni malvada. Son gente racional, como tú, que desean vivir como seres humanos, al igual que tú, y más aún: que desean vivir de la mejor manera posible en sociedad, al igual que lo quieres tu.

De modo que tu vida no corre peligro, pero sí que han cambiado muchas cosas: ahora ya no todos los recursos son para ti, ahora puede que dos personas necesiten el mismo recurso, y probablemente, aunque ambos sean racionales, puede que surjan conflictos de interés. Ahora no son solo tus deseos los que van a transformar la isla, sino también los deseos e intereses de las demás personas. Podríamos pensar que en esta nueva situación existe la necesidad de que entre todos se organicen para crear un conjunto de leyes, hechas por el hombre, para poder resolver los conflictos, pero antes de eso, podemos hacernos la misma pregunta que en los casos anteriores.

Y se resume así: Supongamos que todos los habitantes de la isla quieren vivir en sociedad de acuerdo a la propia naturaleza del ser humano. ¿Que otras leyes nos impondrá ahora la naturaleza para poder lograrlo?

Y esa es la Ley Natural, con mayúsculas. Es la ley que nos permite vivir de acuerdo a nuestra propia naturaleza, y que es independiente del hombre, porque éste no la ha elegido, como no puede elegir no comer, y no saciar su sed (es decir, que un hombre no puede renegar de su naturaleza). Alejarse de ella, acarrea sus propios castigos, no de parte de sus semejantes, sino de parte de la propia naturaleza. Así como la naturaleza castiga con la muerte el delito natural de negarse a comer, y a vivir como un animal más el negarse a construir una casa, del mismo modo castigará a quién decida ignorar las leyes que la naturaleza impone para vivir dentro de una sociedad.

¿Pero qué leyes son estas? De eso hablaremos en la siguiente entrada, y si a estas alturas has mantenido el interés, te invito a que tu mismo intentes contestarlo.

Continuará...

Cuentos desde la cripta.



Para descansar de tanta berborrea filosófica, ahí les va una bonita historia con final feliz, para los desvelados. Es sobre filósofos, vale, pero esta vez no filosofaremos.

¿Recuerdan cómo murió Socrates? Venga, seguro lo recuerdan, Socrates era un gran filósofo ateniense. En esa época Atenas estaba en guerra con sus archienemigos los espartanos y... bueno, Atenas perdió estupidamente. 

Y es que los espartanos podían ser malos en todo, excepto en eso de romper madres. De hecho tenían la fuerza terrestre más formidable de todas las polis griegas. Claro que como eran las polis y cada ciudad iba a su bola, esa importante fuerza se limitaba a 6 mil soldados. De todos modos, esos 6000 soldados bastaban. ¿Vieron la pelicula de 300? Pues sí, fue real, 300 espartanos contuvieron el ataque de 300 mil persas. Claro que los persas realmente no eran deformes como en la película, ni tenían gigantes o cosas raras. Eran gente muy normal, como tú y como yo. Eran un chingo, eso sí.

Bueno, el caso es que los espartanos eran una pistola en eso de la guerra, y los Atenienses, más abocados a la filosofía y el comercio, la pasaron muy mal (tampoco es que los atenienses no supieran hacer la guerra, ellos eran muy buenos, pero en el mar, tenían una gran flota, y también le rompieron su madre a los persas cuando tuvieron la oportunidad).

El punto es que en esa guerra los atenienses perdieron contra los espartanos, y pues los atenienses estaban muy ardidos, de modo que buscaron a alguien para desquitarse, y qué mejor que un pinche filosofo, de esos que tanto tiempo le quitó a los ciudadanos, tiempo que hubieran podido invertir en aprender a usar la lanza como los hombres. Lo juzgaron por cualquier motivo estúpido, lo condenaron a beber la cicuta y lo mandaron al calabozo a esperar su gran día.

Claro que nadie le dijo a Socrates que su juicio era nada más de desmadre, y que se iban a hacer de la vista gorda si decidía escapar. De hecho, a mitad de la noche, su amigo Critón entró a la celda como Juan por su casa (le dijo al guardia algo como "olvidé algo aquí la última vez que me ejecutaron", y el guardia le abrió) y le dijo que se tenían que ir en barco esa misma noche.

Y que de verdad se tenían que ir, porque si Socrates no salía de ahí, la gente pensaría que Critón era un avaro y no había pagado lo suficiente a los guardias para poder entrar por su amigo. Así se la gastaban los atenienses.

Total, cualquiera se hubiera cruzado de hombros y hubiera dicho "¡amonos a la chingada!", y hubiera salido de ahí sin miramientos. Pero Socrates no, él no. Recordemos que él era un filósofo, y más aún: un filósofo ateniense. Y ya sabemos como le gusta dorarsela a los filósofos. De modo que en plena urgencia a mitad de la noche, Socrates le pidió a Critón que se sentara y que filosofaran (como no) sobre la conveniencia de escapar de ahí. Este es un pequeño fragmento de la conversación.

Sócrates: ¿No admites, igualmente, que vivir bien no es otra cosa que vivir como lo reclaman la probidad y la justicia? 

Critón: Sí, Socrates.

(Para darle más dramatismo al momento, intenten imaginar a Critón mirando nerviosamente hacia afuera de la celda con cara de urgencia mientras dice "Sí, Socrates, sí Socrates").

Sócrates: Conforme a lo que acabas de concederme, es preciso examinar, ante todo, si hay justicia o injusticia en salir de aquí sin el permiso de los atenienses; porque si esto es justo, es preciso ensayarlo, y si es injusto, es preciso abandonar el proyecto. . es preciso morir aquí o sufrir cuantos males vengan antes que obrar injustamente. 

Critón: Tienes razón, Sócrates.

Sócrates: Es preciso, por consiguiente, no hacer jamás injusticia ni volver el mal por el mal, cualquiera que haya sido el que hayamos recibido. Sé muy bien que hay pocas personas que lo admitan y siempre sucederá lo mismo. Desde el momento en que están discordes sobre este punto, es imposible entenderse sobre los demás y la diferencia de opiniones conduce necesariamente a un desprecio recíproco. Reflexiona bien y mira si realmente estás de acuerdo conmigo y si podemos discutir partiendo de este principio.

Critón: ¡SOCRATES, CHINGAO!


Socrates tomándose la cicuta como los campeones. Tremendo troll 
Vale, Critón no dijo eso último, pero apuesto a que lo dijeron ustedes. El caso es que al final Socrates gana el debate y se queda en esa celda para morir. Muere muy contento, eso sí.


Y así es como la naturaleza se encarga de eliminar a los idiotas, FIN.