lunes, 22 de julio de 2013

El verdadero poder del voto.


Todos hemos oido hablar de la tercera ley de newton, cuya belleza reside en su simplicidad: a toda acción corresponde una reacción de la misma magnitud y sentido opuesto. Se pueden hablar mucho más de ello, se pueden agregar fórmulas, hipotesis adicionales, etc. Pero eso ya es trabajo de los físicos, porque en lenguaje arcano, es basicamente eso.

Pensemos un poco en las implicaciónes de dicha ley: nos dice que no puedes obtener grandes resultados con poco trabajo. Que si quieres, por ejemplo, destruir una casa, entonces te costará muchísimo trabajo. Bueno, puede no costarte trabajo, por ejemplo, si tiraras una pequeña bola de nieve desde la cima y colina abajo, esta podría crecer y obtener fuerza suficiente para destruir una casa que se encuentra en la base de la montaña. Pero aqui estamos obviando el trabajo previo, por ejemplo, el que nos costó subir hasta allá, o el de llevar toda esa nieve a la cima. Dicho trabajo lo hizo la naturaleza poco a poco, pero a fin de cuentas, alguien tuvo que hacerlo para que fuera para nosotros tan simple como dar el impulso inicial a esa pequeña bola de nieve. Si lo intentaramos varias veces, tarde o temprano nos quedariamos sin nieve, de modo que a partir de ese momento nos volvería a costar muchisimo esfuerzo tirar una casa.

El punto es que, salvo esos casos donde algo o alguien ya hizo la mayoría del trabajo y solo es cuestión de poner la maquinaria en marcha, en general para obtener grandes resultados es necesario invertir una cantidad equivalente de tiempo, energía, dinero o esfuerzo mental. Imaginemos que estamos en una isla desierta, ¿cuanto tiempo y trabajo tendríamos que gastar para tener seguridad alimentaria? ¿o para tener una cassa? Probablemente, requeriría un esfuerzo constante cada dia de nuestra vida. Y es que la seguridad alimentara o la posesión de un hogar es algo muy importante, y por lo tanto, es natural que requiera mucho esfuerzo conseguirlo.

Ahora pensemos en lo que podemos obtener de la siguiente acción: tomo un papel, escribo un tache en él, y lo deposito en una urna. No es mucho trabajo que digamos. Si quisiera obtener, por ejemplo, un salario haciendo dicho trabajo una y otra vez durante ocho horas diarias (suponiendo que alguien tuviera interes en pagarme por hacer tal cosa), en el mejor de los casos apenas obtendría suficiente para sobrevivir (excepto si fueras una persona muy importante firmando autografos, pero otra vez, estariamos obviando el trabajo previo que costó llegar a ser famoso). Ya ni hablemos de lo que podriamos conseguir haciendolo una vez cada seis años. Realmente, es una acción tan simple, irrelevante, y que requiere tan poco esfuerzo, que solo un necio consideraría que puede lograr algo útil con eso.

Bueno, dejenme hacer una corrección: solo un necio, y un demócrata. Porque el demócrata te dirá que cuando el papelito es una boleta electoral, y la urna en particular es una urna de votación, todo cambia. Entonces puedes obtener grandes cosas con tan poco esfuerzo. ¿Recuerdas el trabajo que te costaría una vivienda en la isla desierta? Pues olvidalo, porque ahora todos podemos tener seguridad alimentaria, seguridad física, derechos, vivienda y trabajo digno, etc, etc, etc, y solamente teniendo que depositar un papelito en una cajita cada seis años. Mola, ¿eh?

El democrata, desde luego, te dirá que no es así. Porque no solo estas votando, sino que también estas trabajando duro para el gobierno al que votas. Eso sin duda es cierto: actualmente a nivel mundial la gente debe pagar en promedio la tercera parte de su salario al Estado (de una manera u otra), esto quiere decir que el papelito en la urna realmente es como cuando pusimos esa pequeña bola de nieve en movimiento, el resto lo hizo nuestro trabajo duro. Trabajamos la tercera parte de nuestra vida laboral para hacer posible la democracia, ese es el trabajo previo.

El último razonamiento suena muy bien, pero hay un problema: en las dictaduras también pagas tus impuestos, en las dictaduras también trabajas una buena parte de tu vida para el Estado. Durante toda la historia, el ser humano ha trabajado (en algunos casos más que otros) para mantener una maquinaria que no suele regresar mucho al ciudadano común. Entre la Alemania Nazi y nuestro ideal de democracia hay un mundo de diferencia, y sin embargo, los dos sistemas tienen algo en común: el tiempo de nuestra vida que todos tuvimos que dedicar a mantener al Estado (en la Alemania nazi, de hecho, también votaban).

De modo que eso no puede ser la diferencia entre un sistema y otro. Podriamos decir que la diferencia es no tanto lo que el Estado nos quita, sino cómo lo usa. Eso tiene sentido: el Estado podría usar los recursos para construir hospitales en lugar de camaras de gas, pero ¿por qué habría de hacerlo? Requeriría una cantidad enorme de esfuerzo el hacer que un gobierno deje de matar gente para que empiece a proteger gente (o al reves). En el caso de Alemania, se requirió una guerra mundial, una Europa devastada y más o menos 60 millones de muertos para transformar la Alemania nazi en el sistema preocupado por sus ciudadanos que es hoy. Fue un costo altísimo, sin duda alguna.

Así que seguimos con el mismo problema: si todos los gobiernos, buenos o malos, trabajadores o flojos, respetuosos o invasivos, todos tienen en común los impuestos (y en muchos casos, también el voto), entonces lo que haga la diferencia entre uno y otro, lo que cambie al gobierno malo por uno bueno, tiene que venir de otro lado. Si no queremos vivir en una dictadura, entonces todos debemos trabajar mucho (aparte de lo que ya pagamos de impuestos) para poder lograrlo. O eso supondría uno. Y sin embargo, el democrata insiste en que no hace falta trabajar extra, que ya que el gobierno tiene todo ese dinero, incluso siendo un gobierno malo, aquella acción de tachar un papel nos va a traer todo lo demás: libertad, igualdad social, felicidad, honestidad y amor. Quizá no si ya llegamos al nivel de un gobierno genocida, dicen, pero sin duda alguna para un gobierno corrupto pero medianamente respetuoso como el nuestro. Las cosas más importantes de la vida, a cambio de un esfuerzo ínfimo.

Pues bien, yo no sé como alguien puede pensar en serio tal cosa. No imagino cómo alguien honestamente puede decir "eh, que sí, que este pais va mal, pero va mal porque muchos no votan. Si votaran, entonces las cosas serían distintas". Es decir, joder, estamos hablando de depositar 60 millones de papeles en no sé cuantas cajas, cada 6 años. Si calculamos cuánto esfuerzo es eso, las cuentas, simplemente, no salen. ¡Es que no salen! Que si, amigos demócratas, que yo sé que tienen toda una rocambolesca teoría sobre cómo el voto actua para mejorar paulatinamente el sistema, tal vez no hoy, tal vez no mañana, pero algun día. Pero la realidad es que la energia invertida no les va a dar para mucho. Acción y reacción, se llama. Una cosa a tomar en cuenta las próximas elecciones.

Que sí, que subir eso hasta allá arriba te va a costar  más que un voto.

martes, 2 de julio de 2013

Bodenheimer sobre la anarquía.


En su libro Teoría del Derecho, Edgar Bodenheimer ofrece una introducción amena y clara sobre la historia y teoría de las distintas fuentes del derecho, tema del que ya hablamos largo y tendido en entradas anteriores. El libro me pareció una delicia (la gente insiste en que estoy siendo sarcástico, pero les juro que no es así), y lo considero una lectura recomendada para todos aquellos interesados en tener nociones básicas sobre un tema tan interesante como lo es la filosofía detrás de la ley. Me pareció muy mal, sin embargo, que de las 400 páginas del libro, le dedicara solamente dos de ellas a la anarquía, de modo que en esta ocasión quiero tomarme el tiempo de revisar con un poco de detalle un par de fragmentos que Bodenheimer escribió al respecto.

Comienza el autor diciendo:

La anarquía significa una situación social en la que se da a todos los miembros de la comunidad un poder ilimitado. Donde impera la anarquía no hay reglas coactivas que todo individuo esté obligado a reconocer y obedecer. Todo el mundo es libre de hacer lo que quiera. No hay Estado o gobierno que imponga límites al ejercicio arbitrario de ese poder.

Resulta gracioso que un destacado teórico del derecho conserve la visión de primaria de la anarquía (en esencia, una guerra salvaje de todos contra todos). Para empezar, es falso que todos los miembros de la comunidad tienen un poder ilimitado. Por simple lógica, el poder que cada persona u organización tiene, sea cual sea el sistema, es siempre limitado, bien por la propia naturaleza, o porque dicho poder inmediatamente chocará con el poder de otro, de manera que hablar de "poder ilimitado" resulta tramposo. Si bien es cierto que en la anarquía no hay reglas coactivas hechas para todos los individuos (recordemos que coacción significa iniciar la violencia contra otra persona para que esta actue de cierta manera), de esto no se puede concluir que cada quién es libre de hacer lo que quiera. Bajo anarcocapitalismo, si dañas la propiedad de alguien, tendrás que pagar una compensación o arriesgarte a las consecuencias. Bajo anarcocomunismo, si actuas en contra de las reglas generales de la comunidad, te arriesgas a dejar de recibir el apoyo de los demás miembros de la comunidad o de plano a ser expulsado. El hecho de tener que responder (de un modo u otro) por tus acciones significa que no eres libre de hacer lo que se te antoje, a pesar de que no hayan reglas coactivas que te obliguen a actuar de un modo u otro. Quizá convenga ejemplificarlo con una situación trivial pero ilustrativa: si vas a una fiesta, no hay gente armada o con un garrote obligando a la gente a comportarse. Se espera de cada invitado un mínimo respeto hacia el anfitrion y hacia las demás personas, y la gente en general acata las convenciones sociales porque el castigo por no hacerlo es la desaprobación y el ostracismo. En una fiesta no hay reglas coactivas, pero no por eso la gente va y se caga en el jardín del anfitrión.

Es extremadamente improbable que la eliminación total del Estado produjese una libre y aromoniosa cooperación entre los hombres. La naturaleza humana no tiene las características que le atribuyen los anarquistas colectivistas, y no tenemos motivo alguno para suponer que pueda cambiar radicalmente. La convicción de Spinoza de que en un estado de anarquía cada individuo trataría de extender su poder hasta donde le fuera factible y habría, por ende, de chocar con otros individuos, está más cerca de la verdad que cualquier creencia en la bondad inherente de la naturaleza humana. Spinoza supone con razón que el resultado final de una situación anárquica sería un régimen político en el que habría de surgir como conquistador un hombre que establecería su dominio sobre los demás.

Aqui el problema es que solo habla de anarcocomunismo sin considerar cualquier otra variante del anarquismo. Es en efecto extremadamente difícil que un sistema sin propiedad privada pueda funcionar de manera armoniosa, pero esa no es la única propuesta de anarquismo. Existen ejemplos históricos de sistemas de propiedad privada sin gobierno que han funcionado de una manera mucho más pacífica que sus vecinos estatistas. Al lector interesado en algun ejemplo sobre este aspecto, se le invita a revisar este artículo, sobre cómo la expansión hacia el Oeste en Norteamérica avanzó mucho más rápido de lo que el propio gobierno podía expandirse, lo que dio lugar a sistemas de ley y seguridad privada, esto es, anarcocapitalismo.

Por otro lado, hay que dejar claro que la anarquía no transforma mágicamente una sociedad violenta y carroñera en un conjunto de individuos ordenados y pacíficos. Cuando la sociedad está convencida de que necesita un gobierno, y este desaparece, lo único que pasa es que inmediatamente surgen facciones que luchan por formar uno, que es, básicamente, lo que está pasando en Somalia (donde actualmente no hay gobierno, pero sí varias mafias intentando llegar al poder). La anarquía es un sistema que bajo ciertas condiciones puede funcionar, condiciones que, en mi opinion, no se dan todavía en ningúna nación del planeta. Pero esto no quiere decir que nunca será posible, o que requeriría un cambio radical en la naturaleza humana. La humanidad no habría podido abolir la esclavitud hace dos mil años, de modo que en esa época hubo toda clase de pensadores que, al igual que Bodenheimer hace con el Estado, defendieron la esclavitud como un orden natural, y afirmaron que la naturaleza del hombre no era tan noble como para intentar aboliar ésta práctica. Pero la sociedad evoluciona, y el esclavismo, que era una cosa absolutamente común y natural hace apenas 300 años (como lo son actualmente los gobiernos), hoy es vista como una aberración.

En cierta forma no se puede culpar a Bodenheimer por ver con recelo la idea de anarquía. Un poco de investigación revela que se vió obligado a huir de Alemania con el ascenso del nazismo y de hecho fue invitado a tomar parte en los juicios de Nuremberg debido a su alto grado de conocimiento de las leyes nazis. No sorprende que su propia experiencia le mostrara lo peligroso que puede llegar a ser un sistema legislativo que no está perfectamente balanceado con toda clase de contrapesos e instituciones que se vigilan constantemente unas a otras. A menudo nuestro propio contexto histórico nos llena de prejuicios de los que es muy difícil desprendernos, de modo que no sorprende que cuando llegó el momento de hablar de anarquía, el autor simplemente hiciera a un lado la idea sin más miramientos.

Un estudio teórico cuidadoso de la ley sin gobierno requiere no solamente conocimientos de teoría e historia del derecho (como sin duda los tenía Bodenheimer), sino también (y quizá más aún) de conocimientos sólidos de economía y praxeología. En ese sentido, la escuela austriaca de economía estuvo siempre en mucha mejor posición para hablar de los sistemas de ley privados sin necesidad de recurrir a prejuicios e ideas preconcebidas o heredadas por contexto. Al final, sea o no adecuada o posible la ley bajo anarquía, una cosa sí es segura: requieres mucho más que dos páginas para llegar a una conclusión que pretenda ser acertada.

lunes, 24 de junio de 2013

El niño genio de Michoacán


El caso de Luis Roberto Ramirez, el llamado "niño genio de Michoacán", ilustra a la perfección el subdesarrollo intelectual y moral de la sociedad mexicana. Vamos a establecer el contexto: En Michoacán está este muchacho de 11 años que empezó a dar de qué hablar cuando se descubriera que es extremadamente inteligente, con un IQ similar al de Albert Einstein, y que tal era su inteligencia, que ya habia sido aceptado en Harvard y pronto iría a estudiar a tan prestigiosa universidad... y pues ya, eso fue todo. Toda la notoriedad de este niño, y eso debe quedar claro, surgió del hecho de que iba a ir a Harvard a la edad de 11 años.

La cosa hubiera tenido algo de loable si al menos hubiera sido cierto el asunto de Harvard, pero resultó que no. Al parecer, todo esto fue un bulo hecho por los padres para darle fama al muchacho. Después de que desde la misma universidad de Harvard se desmintieran tales afirmaciones, vino la siguiente jugada mediatica: una investigación realizada por el muchacho a los 8 años que podría ser publicada en Nature (aqui la noticia).

Aqui ya de plano estamos ante un problema de ejercicio periodistico. Resulta un sintoma claro de la ignorancia científica de los periodistas el que suelten una estupidez tan grande como "niño demuestra científicamente", cuando su trabajo no ha pasado un debido proceso de revisión por pares o cualquier otro de los protocolo requeridos para soltar un término tan fuerte como "demostrado científicamente" (a estos idiotas los ves luego publicando bulos de magufos que demuestran científicamente que las piramides las construyeron los extraterrestres). Por otro lado, vamos a mostrar a continuación una lista de otras cosas que podrían pasar:

- Yo podría ganar el pullitzer con este artículo de investigación.
- Yo podría viajar al espacio en los próximos años.
- Yo podría ganarle a Usain Bolt en los 100 metros.

Creo que resulta claro (si no lo era ya), el término "podría" es tan ambiguo y abierto que difícilmente puede ser tomado en cuenta para cualquier cosa seria. No es motivo de orgullo que estes haciendo investigación que podría curar el cáncer, lo que resulta un logro es encontrar la cura. No resulta un logro tener un IQ de 1250, lo que es un logro es usarlo para ofrecer algo a la humanidad. Pero la mentalidad del mexicano no funciona así. Para el mexicano, lo importante es tener algo para presumir y darse golpes de pechito. Tenemos un niño en Michoacán que pudo haber ido a Harvard, y que escribió un articulo que podría ser publicado en Nature. Pero hasta ahora el niño sigue siendo tan inútil como cualquier otro escolapio. Eso sí, es un inútil muy inteligente, de modo que, ¿qué sentido tiene hacerle publicidad?

Desde luego, no ataco al niño ni creo que a él se le deba reprochar nada. El hecho de que un niño sea un inútil muy inteligente no es para nada extraño ni deleznable, pues el niño todavía se encuentra en su etapa formativa y por lo tanto no se debería esperar de él grandes cosas en ese momento. A quienes ataco es a los padres por querer obtener publicidad gratis a costa de poner al niño en una situación tan lamentable, y a los periodistas que primero se tragaron la noticia de Harvard sin siquiera tomarse la molestia de llamar a la universidad para confirmarlo (esos mismos "periodistas" que no se toman la molestia de hacer su trabajo como la profesión lo exige, son los que ves más tarde quejandose porque al periodista le pagan cacahuates), y que después soltaron sin mayor reflexión que el hecho de iniciar un trámite para que tu paper salga en Nature es prueba irrefutable de que lo que dices no es simple basura. El caso del niño genio de Michoacan, más que hacernos sentir orgullosos, debería darnos vergüenza.

sábado, 11 de mayo de 2013

En Francia hay mala mota, pero buena cocaína.


No hay que tener contactos en la DEA para saber que en Francia el cannabis que puedes conseguir en el mercado negro (el único lugar donde puedes conseguirlo) es de una calidad deficiente comparado con el que se produce en México. Pues bien, ¿a qué se debe esto? Desde luego no es culpa del clima. En Francia tampoco se da muy bien el cacao, pero nadie se queja del chocolate Frances. O al menos nadie que conozca.

Recordemos que en Francia siempre ha existido un fuerte sentimiento nacionalista que se hizo incluso más pronunciado tras la Segunda Guerra Mundial. El nacionalismo, como la historia nos ha demostrado, no es precisamente un buen caldo de cultivo para las nuevas ideas, de modo que la sociedad francesa, y en particular el gobierno frances, estuvo dominado desde la segunda guerra por los conservadores (tendencia que cambió con la llegada del partido socialista a la presidencia, aunque con reservas). Y ya sabemos la manera como los conservadores satanizan toda clase de cosas buena onda, como el consumo de marihuana o el matrimonio entre personas del mismo sexo. El punto es, que en Francia está penado no solo el tráfico de drogas (hasta 5 años de cárcel), sino también el consumo (hasta un año de cárcel).

Desde luego, eso no ha evitado que Francia sea uno de los mayores consumidores de cannabis de la UE, porque si la sociedad quiere consumir drogas, las va a consumir sin importar cuán bien intencionadas fueran tus leyes. De modo que los franceses siguen consumiendo cannabis, pero debido a la prohibición éste no puede ser producido en condiciones óptimas dentro de el país (por el riesgo a ser descubiertos).

Y tampoco puede ser traido, por ejemplo, de México, donde la mota se da muy bien, debido a que al ser una droga relativamente suave, se requeriría pasar cantidades demasiado grandes por las aduanas, aumentando el riesgo de ser descubiertas, de modo que el beneficio no suele compensar los costos. Y como siempre será más fácil esconder en un cargamento una droga concentrada y potente como la cocaina (pues requiere menos espacio), el resultado es que la importación de marihuana queda relegada, y en su lugar tienes un mercado inundado por cocaína, esa sí, de excelente calidad.

Gracias, honorable gobierno de Francia. No sé como, pero estoy seguro de que de alguna manera tus ciudadanos estan mejor que cuando simplemente podían conseguir la mota que quisieran y no tenían que elegir entre mota de mala calidad o desplazar el consumo hacia las drogas fuertes.


There I fixed it...


martes, 16 de abril de 2013

Buscando a Dios, se encontró a si mismo.


La naturaleza transforma, pero no crea nada. Son los Dioses los que crean, los que pueden tomar algo totalmente amorfo y aleatorio, y darle una forma y un propósito. El Dios crea y transforma. Levanta estructuras infinitamente mas grandes que él mismo, e infinitamente más pequeñas. La naturaleza nunca es consciente, es el Dios el que adquiere consciencia, de sí mismo y del universo que le dio forma; el que desentierra sus propias leyes, y cambia su propia esencia. La naturaleza no puede conquistar nada, porque ya lo permea todo. El Dios conquista, se expande, lleva con él su naturaleza divina y sus propositos, sembrando vida, y orden. La naturaleza no toma decisiones, ni tiene que lidiar con las consecuencias de sus acciones: es amoral. Son los Dioses los que hacen elecciones, los que deciden cargar con su conciencia, y con sus decisiones. El Dios reconoce que no hay un juez superior a él, que se debe juzgar a sí mismo: por eso es un Dios. Sabe que no hay Dioses más grandes que otros, y por lo tanto, cuando en medio de su soledad tiene la fortuna de encontrarse con un semejante, lo trata como si fuera su hermano, como si fuera él mismo.

Todos nacemos siendo Dioses, pero cargar con dicha naturaleza es difícil, es muy, muy difícil. Al final, la mayoría moriremos como simples humanos. Pero los que lucharon, los que no se rindieron, ellos conseguirán su característica final, la que todo hombre invariablemente ha terminado por asociar a lo divino: la inmortalidad. Ellos nunca se van, porque sus creaciones, sus ideas, esas se quedan.


     

miércoles, 10 de abril de 2013

Lógica para objetivistas: los monopolios que deben ser.


Recordemos que los objetivistas afirman que los libertarios son unos hipies ridículos, colectivistas y enemigos de la razón, porque afirman que incluso un gobierno mínimo (aquel que solamente se encarga de el uso de la violencia, la ley y la justicia) es malvado e innecesario. Los objetivistas insisten en que el gobierno debe mantener esos tres monopolios porque de otro modo la sociedad se hundiría en el caos. Vamos a ver cuan congruentes son los objetivistas con su idea de monopolio.

¿Respeta el minarquismo la idea de un monopolio de la violencia?

Los objetivistas dicen, estas convencidos de que una persona no puede tomarse la ley por su propia mano, pero al mismo tiempo, afirman que todo ciudadanos debe tener el derecho no solo a portar armas, sino a usarlas para la legítima defensa... a ver... ¿que?

Enunciemos la verdad más verdadera de la que se desprende toda la filosofía de Ayn Rand: A es A, una cosa es ella misma. A no puede ser B, ni puede ser al mismo tiempo A y no A, y quien afirma eso es un enemigo de la razón, esto es, un colectivista... ejem... bien, ¿pues entonces qué coños consideran ellos un "monopolio"? Un monopolio es un monopolio, el monopolio de la fuerza es no permitir a nadie usar la fuerza, más que al Estado. Si permites que alguien la use y no lo castigas, entonces lo tuyo no es monopolio. Se pone mejor, porque los objetivistas afirman, además, que es legítima la formación de cuerpos de seguridad privados, siempre y cuando estos estén sometidos al escrutinio y control estatal (esto es, su control). Pero se trataría de particulares ejerciendo la violencia después de todo, por más que después tengan que demostrar que la violencia estaba justificada. Entonces, ¿siempre sí se permite que un particular ejerza la violencia?

Sí, dicen ellos, porque al final, si mataste a un ladrón que entró a tu casa a robar, entonces la policía llegará y decidirá si estaba justificada tu acción, es decir, que en efecto puedes usar la fuerza letal contra alguien que intenta matarte, pero no ante alguien que solo quiere darte un trompón, y para distinguir justamente un caso del otro, está la ley objetiva objetivista que mantiene el equilibrio en la fuerza. Vale, muchachos, ¡pues entonces lo suyo no es el monopolio de la violencia, sino de la ley!

¿Respeta el minarquismo la idea de un monopolio de la ley?

Así que el minarquismo no es realmente un monopolio de la violencia, sino algún tipo de quimera entre monopolio estatal y servicios privados. Así, igualitos que cuando un gobierno nacionaliza el acero y sigue permitiendo la producción privada de metal.

¿Que tal con el monopolio de la ley? Podríamos pensar que el gobierno es un aparato represivo que permite a otros ejercer la violencia, pero mantiene todo bajo control gracias a que mantiene el control de la ley que, dicen los objetivistas, debe ser objetiva (o sea, formulada por ellos). ¿Pero es cierto de verdad que en el minarquismo el gobierno mantiene el monopolio de la ley?

Recordemos cómo hablan los objetivistas de los contratos: que son acuerdos casi sagrados que los hombres deben respetar. ¿Pero qué es una ley? ¿no es un dictado que se debe respetar? ¿y no son entonces los contratos, por su propia naturaleza, una ley hecha a la medida por particulares que las partes involucradas deben respetar una vez que la aceptan? Si los minarquistas de verdad se empeñaran en poner la ley, toda la ley, bajo un control objetivo, entonces se deberían prohibir los contratos privados (donde, de acuerdo a su visión de la ley privada, reinaría el caos, la subjetividad y la desintegración mental, y se vería toda clase de contratos estrambóticos donde las personas se obligaran a caminar de cabeza y los sandwiches se comerían a la gente), y deberían ser sustituidos por contratos estatales, es decir, que las dos partes involucradas tuvieran que ir a un juzgado (o lo que sea), explicar a un legislador las necesidades y compromisos que cada parte desea tomar, y éste haría una ley específicamente para ellos que los obligara a cumplir dicho acuerdo. Pero los contratos no funcionan así. Para los objetivistas, dos industriales no necesitan permiso alguno para celebrar un contrato, es decir, hacer una ley sin supervisión estatal. Dos particulares recurren a un juez solo si una de las partes viola el contrato, pero si no es así, el gobierno ni siquiera tiene por qué enterarse que dicho contrato existía. Al final, el gobierno permite que cada particular haga una ley, y el gobierno está para juzgar cuándo un contrato ha sido efectivamente violado, y actuar en consecuencia. Vale, muchachos, ¡pues entonces lo suyo tampoco es un monopolio de la ley, sino del arbitraje!

¿Respeta el minarquismo la idea de un monopolio del arbitraje?

Recordemos que con arbitraje nos referimos a un servicio por el cual se media entre dos individuos/organizaciones particulares en conflicto y/o se da un veredicto en favor de alguna de las partes, de acuerdo a lo que, a juicio del arbitro (o juez, si se trata de arbitraje gubernamental), resulta más apegado a la ley. ¿A que nos referimos con arbitraje privado? Pues a eso precisamente: dos personas o empresas que se encuentran en un conflicto buscan un tercero para que arbitre para ellos, y a quien pagan por su servicio. Ahora bien, si buscan cualquier referencia u opinion de los objetivistas en su página oficial, no encontrarán practicamente ninguna posición respecto a los tribunales privados de arbitraje.

Como premio de consolación, podemos intentar conjeturar qué opinaría Ayn Rand sobre éstos tribunales privados: supongo que algo como que la idea del arbitraje privado es maligna y pecaminosa, que quienes la defienden son unos colectivistas, subjetivistas amantes de la desintegración mental y enemigos de todo lo que es bueno y objetivo, unos odiosos hipies que... humm... vale, mejor no le preguntemos a Ayn Rand.

Supongamos que dos particulares recurren a un servicio privado de arbitraje, como fue mi caso en una ocasión. ¿Debería un gobierno minarquista castigarnos a las partes en disputa o al particular que aceptó arbitrar por nosotros? Si los objetivistas afirman que un crimen sin víctimas no puede ser considerado un crimen (y con razón), ¿por qué arbitrar sí debería serlo? Y es que al final, practicamente todo el arbitraje que se realiza en el mundo es arbitraje privado. ¿Cuantas disputas ha zanjado el lector a lo largo de su vida? Y de todas ellas, ¿en cuántas tuvo que recurrir a un juez estatal? Los objetivistas no serían tan idiotas como para afirmar que de verdad toda disputa debe ser arbitrada por un juez estatal, y sin embargo, justamente en eso consistiría un monopolio del arbitraje.

¿Pues entonces qué tipo de monopolio busca el minarquismo?

Ninguno, así de simple. Al final, los propios objetivistas se pasan por el forro cada uno de sus monopolios y aceptan que, en la práctica y dentro de su propio sistema, el gobierno no tiene el monopolio de nada. ¿Qué buscan entonces con su idea de gobierno? Simplemente, lo que ellos mismos declaran: poner la violencia, la ley y el arbitraje bajo un control "objetivo", es decir, su control. Un lugar privilegiado en la cima de la colina que les permita vigilar a todos desde lo alto y sentirse seguros de sus enemigos colectivistas (por eso de que su paranoia los hace ver colectivismo por todos lados).

Dicen que Ayn Rand es la Marx de los ricos. Y no les falta razón: su idea de una dictadura de los objetivistas se parece en muchos aspectos a la dictadura del proletariado: un aparato estatal mimandolos, cuidandolos y protegiendolos de todo mal, por eso de que ellos, los hombres geniales que sostienen al mundo, son indispensables. Pero sobre esas similitudes ya hablaremos en otra ocasión.

domingo, 7 de abril de 2013

El marxismo usa el método científico.


Dicen los marxistas que, a la hora de explicar el mundo, el marxismo es superior a la escuela austriaca porque el primero se sirve del método científico, mientras que la escuela austriaca no tiene empacho en decir que el método científico es simplemente inaplicable al problema de la evolución de las sociedades. Pues bien, cualquiera que se tome la molestia de discutir con un marxista en algún foro se dará cuenta de cuánto espíritu científico tienen estos muchachos.

Aunque las falacias ad hominem no nos sirven para probar ni refutar ninguna teoría, el hecho de que los marxistas se comporten más como hoolygans (censurando, tachandote de burgues en lugar de argumentar, ignorando la evidencia, ofreciendo apoyo incondicional a dictadores que se dicen de izquierda, etc), nos da fuertes pistas de hacia donde van los tiros. Y es que si nos fijamos cómo funciona la ciencia, y luego volteamos a ver cómo funciona el marxismo, notamos algunas sutiles diferencias:

1. En el método científico uno comete errores. Despues de todo, si el ser humano fuera infalible, no necesitaríamos método científico. Éste existe precisamente para poder darnos cuenta cuando hemos cometido un error, para de este modo poder refinar nuestra teoría. De este modo, vemos cómo a lo largo de la historia diversas teorías se han demostrado falsas, lo que ha ayudado a mejorar nuestra comprensión del universo.

Pero en el marxismo no, ahí no. Porque el marxismo es científico, por lo tanto es infalible (dicen ellos), y debido a esto, no es raro ver en mi facultad a los amigos marxistas organizando conferencias con nombres pomposos tipo "la vigencia del marxismo en el siglo XXI". ¿Nada que corregir? ¿en serio? Sí, en serio, y si te atreves a ponerle en duda, eres un burgues que de ciencia nada sabe. Yo también voy a organizar una conferencia en la facultad de ciencias: la vigencia del geocentrismo en el siglo XXI, a ver cómo se lo toman.

2. En el método científico uno contrasta sus predicciones con la realidad. Dijo Albert Einstein que la velocidad de la luz es constante respecto a cualquier sistema de referencia. En lugar de tener que tragarnos la teoría sin rechistar para no parecer traidores, una y otra vez dicha teoría fue puesta a prueba en diversos experimentos, y esta salió reforzada. Más aún, dicha teoría ayudó a explicar diversos fenómenes para los cuales antes no había explicación. El solo hecho de que durante un experimento dicha teoría no aplicara, hubiera puesto de cabeza a la relatividad, y habría hecho necesario volver a las fórmulas para intentar explicar dónde estuvo el error, o de plano rechazarla. En la ciencia, una teoría se apoya no solo en las confirmaciónes sino también, y más importante aún, en que no haya sido experimentalmente refutada (el nombre formal para este modo de proceder es el de falsacionismo, y es tan fundamental en la ciencia porque de otro modo practicamente cualquier falsedad podría ser demostrada simplemente escogiendo la evidencia que confirme dicha teoría).

Pero en el marxismo no, ahí no. Recordemos que, una vez hecha su teoría acerca del capitalismo, Marx como todo buen científico hizo una predicción: que al llevar el capitalismo a una concentración cada vez mayor de la riqueza, lo que llevaría inexorablemente a la rebelión del proletariado y de ahí al socialismo, lo más natural era que el primer país donde los trabajadores se levantarían en contra de la opresión del capital sería justamente en el país más capitalista de todos, es decir, que la primera revolución del proletariado se llevaría a cabo ni más ni menos que en EUA. Al final resultó que la revolución se dió justamente en todo lo contrario a un país capitalista, es decir, una monarquía absolutista cuya economía era en su gran mayoría agraria y de autoconsumo.

Ahora imaginense lo grave que sería esto si el marxismo fuera de verdad una ciencia: toda la teoría nos lleva a concluir algo que no solo no pasó, sino que salió justo al contrario de como dijimos que pasaría. ¿Como reacciona la comunidad científica en estos casos? Se reuniría de emergencia toda la comunidad internacional, analizaría el error y se pondrían todos como locos a buscar qué es lo que falló en la teoría, para poder hacer las correcciones necesarias. El Capital dejaría de ser usado para explicar el marxismo, y en cambio nuevas teorías y nuevos personajes habrían propuesto nuevos modos de entender la lucha de clases. En cambio, ¿que dijeron los marxistas? Algo así como "bueno, vale, nuestra teoría no logró hacer una predicción acertada, pero... pero olvida eso, ¡mira, mira por acá, aquí sí que acertó en su predicción!". El viejo amigo sesgo de confirmación al rescate. Todo muy científico, vaya. 

3. En el método científico la verdad es la verdad. Suena algo tan obvio que pareciera que no hace falta decirlo: una cosa es correcta o no lo es, te sirve para explicar el mundo, o no te sirve. Si Walter Mercado hubiera hecho él solito toda la termodinámica moderna, el hecho de que fuera un magufo no habría invalidado la propia termodinámica, porque las leyes naturales están ahí, y son algo que trascienden al hombre, quién no hace más que desenterrarlas y usarlas. Las leyes del universo carecen de toda ideología.

Pero en el marxismo no, ahí no. Ahí la realidad no existe como algo independiente del hombre, sino como una esclava de la ideología, que necesita su permiso para poder ser. Así, los marxistas llegaron a afirmar sin empacho que la termodinámica era una "ciencia burguesa", porque fue hecha específicamente para los amos del capital (porque ayuda a construir motores de combustion interna represivos y todo eso), y que de haberse desarrollado bajo la dictadura del proletariado, una termodinámica distinta, más humana, habría sido creada. Bajo la lógica de los marxistas, la verdad no existe por sí misma, sino que hay la que ayuda al proletario a conseguir su objetivo final (verdad buena), y la que no (verdad mala), y desde luego, eso depende de quién la haya dicho, y para quién.

Ciencia vs religión: diagrama de flujo explicativo.
Visto así, ¿a cual de los dos procedimientos se apegan más los marxistas? ¿podría usted imaginar cómo sería la ciencia si se la dejara en manos de estos tios? Si le interesa, aquí hay un ejemplo.