domingo, 2 de enero de 2022

Interestelar

Hace unos días vi (de nuevo) interestelar con mi esposa y compañera de vida. Un peliculón que logra retratar muy bien la naturaleza humana: esperanza, desesperanza, amor, supervivencia, y el tema central que es nada menos que el fin del mundo y la búsqueda de la trascendencia.

Miremos de nuevo hacia los primeros hombres que durante el solsticio de invierno veian al Sol quedarse quieto y frio durante 3 días y pensaban "tal vez es hoy... tal vez ha llegado por fin el momento en que el mal finalmente gana... tal vez en esta ocasión el Sol no vuelva a levantarse y estamos condenados a desaparecer en un mundo oscuro, congelado y muerto". Y vieron en este fenómeno una batalla del bien vs el mal e hicieron mitos y ritos para ser partícipes en esta lucha y ayudar al Sol a levantarse de nuevo para poder completar un ciclo más. Y en la construcción de esta cosmovisión se vieron a ellos mismos retratados y aprendieron a obtener fuerza del Sol, el primer dios, y poco a poco del resto de deidades que fueron encontrando en cada animal y fenómeno natural. Lo suyo se volvió una relación simbiótica: el hombre le daba existencia a los dioses y estos a cambio le daban al hombre guía, inspiración, unidad y fuerza.



Y hoy sabemos que el Sol es una estrella más alrededor de la cual vamos a seguir girando y esa "batalla" llamada en tiempos modernos solsticio ni es del bien vs el mal ni tiene nada de incierto, y que una vuelta más al Sol se va a cumplir tan seguro como que las cosas van a seguir cayendo hacia abajo. Pero nuestro entendimiento de los fenómenos naturales y el abandono de los viejos dioses no redujo lo más mínimo nuestra incertidumbre sobre el futuro, porque una vez que pudimos asomarnos fuera de nuestra pequeña roca, vimos un universo absolutamente masivo y hostil, y un planeta que pareciera que también lo es, cada vez más: cambio climático, plagas y epidemias, extinciones masivas, llamaradas solares, meteoritos, el agotamiento del Sol y su transformación en gigante roja, agujeros negros, el aumento continuo e irremediable de la entropía del universo que hará que tarde o temprano todo quede finalmente detenido. Justo cuando habíamos empezado a dominar las leyes de la naturaleza y sentirnos seguros en nuestro planeta, nuestra visión es una vez más ampliada y nos vemos de nuevo como al principio de los tiempos: reducidos e impotentes, rodeados de peligro e incertidumbre como cualquier cazador-recolector apestoso.

Pero esta vez ya no tenemos dioses que nos puedan guiar, ni paraísos que nos vayan a abrir sus puertas. La humanidad está sola. ¿O no?


Y creo que eso fue lo más bonito de Interestelar, que a mi en particular me conmovió mucho: “It was you… you were my ghost…”. Al final del camino descubrimos que la salvación no llegaría desde fuera, sino desde nosotros mismos. Que ni el Sol ni los dioses eran la fuente de nuestra fuerza, sino el propio hombre, y que los dioses y seres sobrenaturales no eran más que proyecciones de nuestra propia divinidad.



Existió en el siglo XIII un abad italiano, Iaccomo de Floris, que previó la disolución de la iglesia cristiana y el amanecer de un periodo de vida espiritual en la tierra, cuando el Espíritu Santo  hablaría directamente al corazón humano sin mediación eclesiástica. ¿Y qué es lo que vemos en interestelar, sino un vistazo a un futuro de espiritualidad y divinidad sin intermediarios? Una espiritualidad generada de una nueva epifanía: "tú eras mi fantasma". Dios eramos nosotros.

martes, 30 de noviembre de 2021

Masculinidades frágiles en Camelot

 
El mito del rey Arturo y los caballeros de la mesa redonda suena a puros hombres muy machos y todo pero en el fondo habla de masculinidades frágiles y sus consecuencias.
 
De acuerdo a las teorías desarrolladas a partir del trabajo de Carl Jung, la psicología masculina puede representarse por cuatro arquetipos que de manera muy resumida* son estos:
 

El Rey, centro y origen del poder que mantiene el orden en el mundo, "el primer padre de la primera tribu". Da a cada cual lo que le toca y ayuda a su gente a alcanzar su máximo potencial.
 
El guerrero, quien reparte palos y es basicamente una fuerza de destrucción, pero cuando actúa alineado con el Rey, se vuelve una fuerza de destrucción creativa que encamina la energía hacia un propósito noble: lucha implacablemente contra todo lo que es malo y protege con su vida todo lo que es bueno.
 
El sabio: Poseedor de conocimientos arcanos y buscando siempre entender las causas últimas de las cosas. El que conoce y lleva a cabo los ritos de iniciación para que los demás puedan pasar a la siguiente etapa de su viaje.
 
El amante: No solamente es el arquetipo que ama genuinamente a la mujer, sino que en general ama todas las fuentes de belleza en el mundo: la mujer, el arte, la naturaleza, el ser humano, Dios.
 
Bueno, long story short, en Camelot está Arturo que es obviamente el arquetipo del Rey. Lancelot (el Guerrero) el mejor y más fuerte caballero y absolutamente leal a Arturo. Merlin (el Sabio) que ayudó a Arturo a convertirse en rey y conducirse con sabiduría, y basicamente cada caballeros en Camalot representa el amante, porque de inicio todos aman a Dios y se aman entre ellos, pero luego Lancelot también empieza a amar las cualidades de Ginebra, que estaría muy bien si no fuera por el hecho de que Ginebra es la reina, y Arturo por otro lado en su faceta de amante de la mujer va y tiene un hijo no de Ginebra, sino de su media hermana, Morgana (WTF).
 
Por otro lado el amor que tiene por Ginebra hace a Lancelot abandonar su lealtad al rey, cuando su arquetipo TIENE que estar alineado con el rey y sus propósitos nobles porque de otro modo se convierte en un arma de destrucción masiva, cosa que en efecto sucede. El Sabio (Merlin) ya ni siquiera está cuando se arma el merequetengue, y al final el amor prohibido y la falta de alguien que sea la voz de la cordura provoca una guerra civil donde el hijo de Arturo usurpa el poder (es decir, el Rey no tiene ya suficiente fuerza para seguir siendo Rey y una nueva figura más oscura toma su lugar), soborna a los reinos vecinos para que lo defiendan y se vuelve un tema de todos contra todos. Al final, practicamente todos los caballeros mueren en esta guerra civil o poco despues, Arturo incluido, lo que marca el fin de Camelot como un centro de paz, justicia y orden. Nada mal para un reino compuesto por los mejores y más nobles caballeros que el mundo hubiera visto.

El mito artúrico no es una historia para niños, ha sobrevivido al paso del tiempo porque apunta a algo mucho más profundo y primigenio. Los arquetipos no representan personas específicas, sino símbolos universales, y los mitos no hablan de lugares que haya que ir a buscar en alguna misteriosa costa oculta más allá del mar, sino dentro de nosotros mismos, oculta, eso sí, por las nieblas del subconciente.
 
Camelot es pura testosterona, representa toda esa energía masculina que se encuentra dentro de cada uno de nosotros: la capacidad de traer orden y crecimiento a traves de la fuerza (gente espantada favor de irse a otro post a leer sobre los beneficios de la soya o algo). Sin embargo, para que esta energía no se convierta en lo que en épocas actuales se ha tenido a bien llamar masculinidad tóxica, todos los arquetipos deben estar alineados. Cuando Merlin, Arturo y Lancelot lo estaban, hubo paz y crecimiento en Camelot. Cuando dejaron de estarlo, Camelot fue destruido, pero no por enemigos externos: Camelot primero se derrotó a sí mismo (durante la guerra de Arturo vs Lancelot) y entonces pudo un enemigo externo (los reinos vecinos a los que Mordred dio entrada) llegar a terminar el trabajo. Lección importantísima para chicos y grandes: nadie te puede derrotar, mientras no te derrotes primero a ti mismo.
 
Cuando los arquetipos de la personalidad masculina no se desarrollan de una manera adecuada, pasa lo que pasó en Camelot: No hay un eje rector que alinee todas las energias hacia objetivos nobles, el amor no se dirige hacia las personas correctas, la violencia se libera de manera descontrolada y autodestructiva, lo que eventualmente escapa hacia el exterior. Surgen las neurosis: hombres violentos que en el fondo son solo hombres débiles (del mismo modo que Camelot terminó indefenso cuando su propia violencia se desbocó), donjuanes que van por la vida intentando "amar" a cualquier mujer menos aquella con la que se comprometieron, tontos que no son capaces de tomar decisiones correctas por si mismos.
 
Un hombre completo es una fuerza poderosísima, basta ver el papel que jugó Rodrigo Diaz, el Cid, tanto en la historia como en el imaginario colectivo.**
 
Un hombre incompleto por el contrario es peligroso, para sí mismo y para otros. La figura trágica y hasta patética de Arturo y sus caballeros muestra lo rápido y fácil que se puede derrumbar un hombre cuando en el reino y fortaleza que es su mente se le permite asentarse y crecer al conflicto desde el mismo núcleo.
 
* A quien quiera profundizar en estas teorías puede consultar el libro "King, Warrior, Magician, Lover: Rediscovering the archetypes of the mature masculine" de Rober Moore y Douglas Gillete. 
** Una muy agradable introducción a este personaje puede consultarse en cómodo formato de novela en "Sidi", de Arturo Perez-Reverte)

miércoles, 14 de julio de 2021

Jesus era un punk

Las costumbres e instituciones sociales son importantes. Representan un refinamiento continuo a través de prueba y error de millones de individuos durante miles de años. Las reglas que hoy son normales, alguna vez fueron propuestas radicales y peligrosas. Lo anterior lleva a una dualidad: es importante seguir las reglas, pero es también importante ponerlas a prueba y transgredirlas de vez en cuando. Seguimos las reglas para mantener andando esta madre conocida como sociedad. Las transgredimos para renovarla y refrescarla. 

Pero incluso los que dicen "fuck da rules" y se hacen los pelos de piquitos no saldrían con el pito de fuera en un día caluroso. Hay reglas que están ahí desde hace 10 mil años y simplemente no van a cambiar pronto. 

¿Cómo saber cuándo está bien decir "que te valga madres"? La respuesta, por construcción, no puede venir desde las propias reglas que vas a transgredir, sino desde fuera, pero al mismo tiempo, no es una decisión que se pueda tomar independiente de la regla. Debemos buscar la utilidad y el propósito original de éstas y evaluar 1. si siguen aplicando 2. cuál es el costo de transgredirlas y 3. si estamos dispuestos a aceptar el costo. Nuestro deber moral es romper las reglas cuando estas han perdido el valor y propósito que alguna vez tuvieron. 

Incluso la biblia, asociada a una institución esclerótica y rígida como la iglesia católica, reflexiona mucho sobre la relación compleja y paradójica entre el respeto por las reglas (en este caso las mismas reglas de Dios, imaginate) y la oposición a dichas reglas a través de la acción creativa. El mismo Jesús era un transgresor, y a los religiosos espantados parece no hacerles ruido la idea de este men entrando al templo a sacar a los mercaderes a barazos. En otra ocasión, cuando durante uno de sus paseos ve a un hombre que está trabajando en el día de descanso le dice "Hombre, si en verdad sabes lo que haces, eres bienaventurado, pero si no sabes lo que haces, eres desventurado y además un transgresor de la Ley". O sea que incluso la biblia te invita a, de vez en cuando, romper las reglas y ser un maldito punk sin temor a Dios, pero eso no te lo van a decir los padrecitos en la misa los domingos.

(protip: entre más te alejas de la iglesia como institución, más puedes acercarte a los verdaderos orígenes de la espiritualidad de Occidente, que contienen mucha sabiduaría práctica, igual que el resto de las religiones del mundo) 

El romper las reglas para mantener saludable a una sociedad es algo tan necesario para el ser humano que hasta evolutivamente parece haber sido programado en nuestros cerebros. Se llama adolescencia y es cuando la mayoría de nosotros quiere romper todo. Es la edad en la que ponemos en duda cada regla y cada verdad que nos dijeron (excepto lo de no salir con el pito de fuera, curioso). Y es así como descubrimos (la mayoría de las veces por las malas) por qué las reglas estaban ahí. 

No es que la mayoría de adultos se vuelvan conservadores porque la sociedad aplasta sus sueños e ilusiones. Se vuelven conservadores porque maduran y entienden (de manera más o menos consciente) por qué las cosas son como son, y la necesidad de que lo sigan siendo para que la siguiente generación pueda apalancarse de los logros del pasado (que son inmensos). La experiencia y la realidad práctica termina pesando más que el potencial y las promesas y los adultos se vuelven (en su mayoría) los guardianes de las reglas, mientras la siguiente generación se vuelve la nueva transgresora, empujando y retando dichas reglas en un intento de llevarlas a una nueva dirección más justa y alineada con los valores actuales. El ciclo de renovación comienza de nuevo. 

En resumen, no juzgues con demasiada dureza al hijo adolescente o a los padres boomers. Y no denigres a la ligera ni las instituciones sociales ni el logro transgresor y creativo.

jueves, 17 de junio de 2021

Las cosas ya eran así cuando llegamos

Una de las muchas cosas bonitas que me enseñó la carrera de matemáticas es lo mucho que dependemos de nuestro contexto y lo extremadamente difícil que es salir de las ideas preconcebidas que existen a nuestro alrededor al momento de nacer, incluso cuando tienes toda la disposición a usar la lógica.

La geometría euclidiana, que se inventó hace más de 2000 años, se basó en 5 axiomas: verdades evidentes que no se demuestran. Sin meternos a demasiados detalles, el 5to axioma pareció desde el principio a los geómetras poco intuitivo e incluso innecesario, y muchos intentaron demostrarlo a partir de los otros 4 para simplificar la lista, pero nunca tuvieron éxito.

Entonces varios weyes dijeron "ok, ¿por qué no partir del supuesto de que el 5to axioma es falso (mientras dejamos los otros cuatro como están), y veamos como se despedorra toda la geometría que intentemos construir a partir de solo 4 postulados?" Si partiendo de solo 4 postulados llegaban a cualquier contradicción, eso era suficiente para mostrar que el 5to postulado merecía estar ahí.

Pero no se despedorró nada. Las cosas seguían teniendo sentido, de una manera bizarra y deformada, pero consistente, sin contradicciones. Algunos vieron eso y pensaron "esto es una mamada, no tiene sentido continuar por este camino", pero otros pocos dijeron "estamos ante algo nuevo e importante". Eran muy pocos, pero era suficiente: Había surgido la geometría hiperbólica.

Pero como toda nueva idea, no la tuvo fácil. Cuando apenas estaba empezando a tomar forma, la geometría hiperbólica inició una verdadera guerra civil entre la comunidad matemática: Se intercambiaron cartas de molestia, se lanzaron insultos y calumnias, se expulsaron académicos de los institutos y en casos muy extremos se abuchearon en los congresos (recuerden que eran matemáticos, tampoco se iban a agarrar a machetazos).

El punto aquí es que la mayoría no aceptaba la nueva geometría como una rama válida y legítima de las matemáticas, a pesar de que se basaba en los mismos principios que se basan todas las demás ramas: la lógica deductiva y el uso de sistemas axiomáticos.

Ochenta años después, Einstein usó la geometría hiperbólica como base esencial de su teoría de la relatividad. Para entonces, esta rama ya era usada y aceptada por toda la comunidad matemática.

En su libro "La Estructura de las Revoluciones 100tífikas", Thomas Kuhn plantea que el método científico no es más que whishfull thinking. Los científicos, como el resto de las personas, son unos necios irremediables, y más que ajustar sus teorías y opiniones a lo que observan, la mayoría de las veces intentarán hacer justo lo contrario: ajustar la verdad a sus teorías preconcebidas. En otras palabras, un científico se sentirá tan incómodo como cualquier hijo de vecino cuando le muestres evidencia de que aquello que defiende no es del todo correcto, ya no digamos si le dices que está obsoleto. 

[Abro paréntesis]

Cuando un científico les diga que es una persona objetiva, solo por ser científico, mándenlo a chingar a su madre.

[Cierro paréntesis]

La realidad, decía Kuhn, es que cuando surge un nuevo paradigma científico, triunfa no porque la comunidad científica lo analice y lo acepte. Simplemente, los científicos defensores del viejo paradigma (que serán mayoría y cerraran filas para defender la ciencia que ellos conocen) comienzan a morirse, y la nueva generación de científicos, que nacieron conociendo (aunque no necesariamente aceptando) el nuevo paradigma, y a quienes ya no se les hace algo totalmente ajeno y alienígena, terminarán por darle su lugar y aceptarlo como algo natural y evidente.

Al día de hoy, la geometría hiperbólica es una materia más del plan de estudios de matemáticas, al igual que la geometría clásica (euclidiana). Cuando entramos en la carrera, aceptamos con naturalidad la existencia de varias geometrías que surgen de cambiar los supuestos desde los cuales partimos. Lo aceptamos con naturalidad, no porque seamos una generación de genios o porque tengamos la mente mas abierta hoy que hace 200 años. Sencillamente, la geometría hiperbólica ya estaba ahí cuando llegamos.

Y esa es la parte más profunda e importante de todo este choro que, a mi al menos, me costó muchos años entender con todas sus implicaciones:

"Sencillamente, las cosas ya eran así cuando llegamos."

lunes, 4 de enero de 2021

Bitcoin no debería existir


Bitcoin no debería existir. 

 Como tecnología, es una verdadera joya. Es el resultado final de cientos de años de acumulación de conocimientos matemáticos y tecnológicos para crear el primer activo digital escaso y descentralizado. Sin embargo, los que debaten en redes sociales a favor de bitcoin intentan por todos los medios que dicho debate no se desvíe hacia terrenos demasiado espinosos. Y es que la propia existencia de bitcoin es un reto a los sesgos y cosmovisiones de la mayoría de las personas: A bitcoin no le importa si nuestras universidades y hospitales se van a quedar sin financiamiento público, que por algo se hizo inconfiscable. No le importa si nuestras agencias anti-lavado de dinero y demás reguladores no están de acuerdo con el uso inmoral que algunos actores le puedan llegar a dar, que por algo se hizo descentralizado. Bitcoin no nació dentro del sistema, no está alineado con los valores del corporativismo rancio y la democracia esclerótica que han dado forma a Occidente durante las últimas décadas, pero tampoco con el "move fast and break things" de la cultura entrepreneur que nació en Sillicon Valley.

 
 Bitcoin fue creado por los cypherpunks: criptoanarquistas, radicales, centrados en la privacidad y el anonimato del individuo (pero la visibilidad y transparencia del gobierno) y defensores de la separación entre el dinero y el Estado (¡sacrilegio!). Fue creado para minar (a qué grado, lo sabremos en algunos años) los dos pilares financieros de los gobiernos: los impuestos y la inflación, con los que se financian guerras y genocidios, sí, pero también hospitales y vacunas. 

 Hay muchas cosas que están mal en el mundo, y hay otros foros y espacios mas adecuados para denunciarlas. Pero para la vida que tenemos fuera del anonimato de internet, no va muy bien hablar de gobiernos genocidas, el asqueroso sistema fiat, el camino al fascismo que está tomando occidente, y cómo bitcoin tiene el potencial para cambiar todo eso (sí, sí, llevándose entre las patas nuestro alumbrado público y nuestras carreteras). Otros segmentos de la población tendrán sus propios sesgos y cosmovisiones, pero si hay algo común en prácticamente todos ellos es esto: nacieron... o más bien, nacimos dentro del sistema, es lo único que conocemos y no tenemos razones para pensar que somos cómplices de un sistema injusto, que no estamos a solamente un par de leyes más o un par de elecciones democráticas más para resolver todos nuestros problemas, o que las cosas podrían ser y funcionar de maneras radicalmente distintas (y mejores) a como son actualmente. 

 Por eso la mayoría de las personas aún no se explican (ni se explicarán por muchos años) el ascenso meteórico que bitcoin ha tenido, mucho menos el potencial que aún tiene para que su precio (su métrica más llamativa, pero la menos relevante en términos de su naturaleza) siga multiplicandose. Creen que bitcoin es una burbuja que estallará y desaparecerá en cualquier momento porque, en términos de lo que saben y la visión que tienen del mundo, una cosa así no tiene cabida en la sociedad actual. Desde la propia burbuja de privilegio de los valores democráticos y de lo políticamente correcto, bitcoin no debería existir, no tiene razones legítimas para existir más allá de las expectativas de ganancias fáciles y rápidas, y por lo tanto no tendríamos por qué estar hablando de esta mugre en LinkedIn, como no hablamos de flores de la abundancia u otras estafas piramidales. 

 Y sin embargo, existe, y sigue existiendo. Y conforme su adopción (y su precio) aumenta, se vuelve cada vez más difícil no verlo. 

 La realidad, que muchos de sus defensores intentan ignorar (algunos quizá la ignoran genuinamente), es que bitcoin fue creado por los enemigos del statu quo. Cuando el primer nodo se puso en marcha y el bloque génesis fue minado, la suerte ya había sido echada. Su objetivo desde el principio fue claro: chocar de frente con las viejas estructuras de poder. Nadie puede saber cuál será el resultado de ese choque, pero puede fácilmente poner patas pa'rriba muchas cosas y meter en problemas serios a muchos gobiernos y, por lo tanto, también a muchas personas. 

 Por eso es divertido (en el buen sentido) ver a los colegas pro-bitcoin en esta red social haciendo su mejor esfuerzo por defenderlo, pero sin agitar demasiado las aguas, intentando mantener a bitcoin dentro de la narrativa de las innovaciones buena onda como uber o airbnb, que han facilitado la vida a muchas personas (y hecho millonarios a quienes apostaron por ello en sus etapas tempranas) con daños colaterales prácticamente inexistentes. Bitcoin esta en un nivel totalmente diferente: promete cambiar el mundo no de manera estética, sino sistémica, y beneficiar a los early adopters mientras diluye totalmente el poder adquisitivo de todos aquellos que, ya sea por desconocimiento o por obstinación, hayan decidido mantenerse al margen (aunque para ser justos, esto no será culpa de bitcoin, sino de los gobiernos y su política del money printer go brrr). Y el debate, al que le rehuyen la mayoría de sus defensores, es si ese cambio, que será en un principio doloroso y hasta injusto para muchos, será al final para bien (spoiler: será para bien). 

 Defender esta tecnología sin estar dispuesto a hablar de todos los daños colaterales que pueda llegar a generar es como intentar defender los primeros automóviles haciendo todo lo posible por negar el cambio tan radical que este nuevo medio de transporte podía traer a los paisajes, la planeación urbana, la economía y el modo de vida de las personas, así como los millones de kilómetros de carreteras, infraestructura e industrias que se tendrían que construir alrededor de este invento, con los estratosféricos costos asociados que hubieran hecho pensar a cualquier persona de aquellas épocas con un mínimo de sentido común, que aquel nuevo invento era un sinsentido objetivamente inviable. Los pro-bitcoin easy going insistirán en que no hay por qué alarmarse, que bitcoin puede adaptarse al mundo, como si hubiéramos esperado que el automóvil se adaptara a los caminos de terracería y los paisajes rurales del siglo XVIII. La realidad es bien distinta: bitcoin no va a pedirle permiso a nadie. Si triunfa, no va a ser gracias a un cambio de perspectiva de sus detractores o a que estos piadosamente hayan decidido asignarle un espacio dentro de las estructuras actuales, sino a pesar de la feroz lucha que estos tarde o temprano tendrán que presentar (y es probable que ya no falte mucho tiempo para ello), en un desesperado intento de que el mundo se quede quieto de una maldita vez y que las cosas se mantengan como ellos felizmente las conocían (el sueño de todo boomer desde los albores de la humanidad). Las apuestas son altas, porque si al final no logran destruirlo y bitcoin gana, entonces al igual que lo que vimos con la pólvora, la máquina de vapor, los automóviles y el internet, bitcoin no será el que se adapte al mundo. Va a ser el mundo el que, a marchas forzadas y hasta a regañadientes, tendrá que adaptarse a bitcoin. 

 En fin, no me hagan mucho caso. Esto solo ha sido pensar en voz alta, jugar un rato al abogado del diablo. No crean que yo defiendo a esos locos anarquistas que quieren quitarnos nuestras carreteras. Democracia bien, anarquismo mal. Pero ya cambiando un poco de tema... ¿han visto los rendimientos de bitcoin este año? ¡Y también pueden donar a ONG's con bitcoin! Ah y no se pierdan nuestro siguiente artículo: Cómo pagar impuestos sobre las ganancias en bitcoin y seguir ayudando a financiar la educación pública y a nuestros profesores universitarios (Dios bendiga a esos sujetos).

viernes, 24 de abril de 2020

Economía Moderna en dos ejemplos

Aunque yo estudié Matemáticas, en esa carrera te dejan meter cualquier materia que se te hinche el webo. Así que un día decidí meter la materia de Economía "Moderna" I solo para intentar entender cómo es que funciona el mundo. En esa clase empezaron, como con todo buen sistema lógico-deductivo, con ciertos supuestos. Y cualquier similitud con la matemática o el método científico terminó ahí. Porque un supuesto especialmente importante y necesario para poder desarrollar y justificar toda su pseudociencia y lectura de tarot durante los siguientes dos semestres era este: que si una persona prefiere una pera a una manzana, y una guayaba a una pera, entonces preferirá una guayaba a una manzana. Hay n-experimentos formales y 2^n pruebas informales de que ese supuesto es una reverenda idiotez.

También hicieron por ahí un supuesto de que el ser humano era un individuo harto racional que siempre iba a intentar maximizar la relación costo/beneficio, es decir, tomar la decisión que le diera la mayor cantidad de satisfacción por el menor costo (como si conceptos como "satisfacción" o "costo" pudieran ser medidos para el 99% de las decisiones que tomamos en el día a día).

Y tras presentar como pilares de todos los estudios económicos modernos estos supuestos bien perrones 100% real no fake, el profe dice algo como "y bueeeeno, estos supuestos obviamente no siempre se cumplen, verdad? Pero supongamos, nomaaaaas por simplificar un poco el mundo y poder analizarlo con algo de rigor matemático, que se cumple." Y pudo así continuar los siguiente 2 semestres, totalmente quitado de la pena, suponiendo que lo que estaba enseñando en esa clase tenía algún valor, que de alguna manera su salario y sus opiniones quedaban justificados con esa simplificación idiota que queria hacer del mundo.

La vaca esférica de los físicos a la n-ésima potencia.

Esa falta de rigor no se aceptaría en ninguna otra materia de la Facultad de Ciencias. Imaginate llegar a una clase de geometría a decir "buenoooo, y el cuarto postulado de Euclides no siempre se cumple, pero pus equiiiiis veamos a donde llegamos"*. Mames.

Y es que imaginense, solo para ponerlos un poco más en contexto, de la complejidad del fenómeno que la economía y finanzas modernas están intentando abordar: la física no puede darte una formula explicita para describir el movimiento de tres cuerpos masivos INANIMADOS interactuando en el espacio vacío. Cualquier intento de solución debe limitarse al cómputo de aproximaciones que forzosamente pierden precision conforme más quieres ver hacia el futuro. Ahora imaginense estos pinches changos del FMI, Banco de México, la Reserva Federal o cualquier otro de estos nidos de charlatanes empecinados en controlar todo y a todos pensando que pueden dar respuesta a dónde van a estar 6 mil millones de individuos pensantes dentro de 5 o 10 años.

Si a ustedes les parece preocupante que un grupo de poderosos mueva los hilos del mundo, es que están capullos. Es mucho más preocupante que eso: el mundo actual es una maraña de hilos tan enredada que nadie sabe qué chingados está moviendo cuando tira de un hilo. El chairo promedio aceptaría con mucho gusto la idea de un grupo de jueputas tomando decisiones tras bambalinas con tal de no aceptar la realidad mucho más oscura de que nadie está manejando este barco: Nadie sabe lo que está pasando a nivel macro, menos aún lo que va a pasar.

Las matemáticas y la estadística tomaron el lugar de los huesitos de pollo que los ancianos sabios tiraban en el piso para intentar adivinar el futuro.

"Oye tranquilo hermano, tu actitud es anti-científica, las matemáticas y la física te dieron la computadora desde la que estás tecleando aveda!" Si a webo, por eso deberiamos dedicar las matemáticas y la física a lo que realmente pueden hacer bien, esto es, el mundo inanimado y el de los unos y ceros, en lugar de querer matar de hambre a doña Chonita porque su puesto de gelatinas ya no alcanzó a entrar en el siguiente plan quinquenal.

Un ejemplo más actual: Hace algunos días, cuando los futuros de petroleo entraron al terreno negativo, al dia siguiente todos los mamoncetes de finanzas y economistas salieron a decir "sí, claro, mira estas chavo tesplico: esto pasó porque hay menor demanda de petroleo y entonces blah blah blah blah blah…" ok, chingon. Y entonces si era tan obvio, ¿por qué no dijeron que esto iba a pasar ANTES DE QUE PASARA?

¿Por qué no tomaron medidas de bajar CHINGOS MAS (y desde mucho antes) la producción de petróleo a nivel mundial? ¿Que esperaban que iba a pasar con la demanda de petroleo cuando, por ordenes de los propios gobiernos, toda la gente se quedara en sus casas y las fabricas detenidas excepto para cosas consideradas "esenciales"?

(sonido de grillos)

Predecir el pasado es bien fácil y bien chingón. Hubieramos podido decir también que obvio el petroleo llegó a negativos porque Marte esta en retrógrado y Venus está jariosa. A ver putos refutenme.

Y lo anterior nos lleva a una de las características más características de la ciencia, y lo que permite diferenciarla de las pseudociencias como historia o economía: la ciencia se puede refutar a base de hacer predicciones y fallar estúpidamente. Cuando un economista se equivoca solo va a salir con una mamada como "bueeeeno es que obviamente aqui hubo en juego factores externos que no consideramos en nuestros modelos y ademas cuando mercurio está retrogrado...". Mames x2.

¿Cuándo va a acabar esta locura? Yo qué sé, vayan a preguntarle a un economista.


*Alguien sugirió que precisamente en geometría moderna el quinto postulado no siempre se cumple y eso da lugar a otras geométricas. Eso es totalmente falso. Cuando estas comenzando a construir tu geometrías, decides si el quinto postulado se cumple o no se cumple. Si decides que se cumple, tienes la geometría Euclidiana, si decides que no se cumple, surgen las geometrías no Euclidianas. En ninguno de estos sistemas el quinto postulado se cumple "a veces sí y a veces no".

martes, 21 de abril de 2020

Lecciones de Zeno


Zeno fue un mercader adinerado proveniente de Fenicia (Cercano Oriente) que vivió hace unos 2 mil 300 años. Un día, en uno de muchos viajes en barco por el mediterraneo, transportando un cargamento valiosísimo de tintes púrpuras y otros objetos para uso de reyes y emperadores, se enfrentó a una tormenta. Su barco naufragó.

Zeno se salvó de milagro, pero vio impotente cómo todas sus riquezas se hundían para siempre en el mar. Lo había perdido todo. De ser un mercader adinerado pasó a ser un extranjero solo y sin dinero en una tierra hostil y extraña.

Cuenta la historia que llegó a Atenas, mendigando. En algún momento, se detuvo en una pequeña librería donde por casualidad comenzó a hojear un libro sobre la vida de Sócrates. Inmediatamente quedó atrapado por aquél hombre. Preguntó dónde podía encontrar a más personas como él. Lo mandaron a la Academia, donde disertaban los filósofos atenienses.

Pasó los siguientes años estudiando filosofía: a los socraticos, los cínicos, los epicureos. Eventualmente fundó su propia escuela: el estoicismo. Fue invitado de honor de reyes y emperadores, y celebrado en su tierra natal, al igual que en Atenas. Cientos de años después, los romanos tomaron su filosofía, y sobre ella fundaron un imperio.

Estoicos fueron también los primeros cristianos, que tomaron el estoicismo y lo aterrizaron (mediante mitos y ceremonias) a un nivel entendible para ricos y pobres, letrados o incultos. Sobre la nueva fé, Occidente resurgió para volver a dominar el mundo.

Y la verdad es que, qué webotes los de Zeno. Porque bien hubiera podido regresar penosamente (y no sin gran riesgo) a la seguridad de su tierra natal, para pasar el resto de sus días lamiendose las heridas y viviendo gracias al apoyo de su familia, lamentandose de su mala suerte y contándole a los demás "yo antes era un acaudalado mercader... pero me chingué la rodilla".

Y en lugar de eso el cabrón... el grandísimo cabrón, hambriento y derrotado frente a aquella tienda, decidió que, efectivamente, Zeno había muerto en el naufragio, y que esta nueva persona que llegó a la costa, quienquiera que fuera, tenía que buscar un nuevo significado. Y da la casualidad, y quizá la suerte, de que lo encontró en la filosofía, porque hubiera podido quizá encontrarlo en el deporte, en el arte, o en cualquier otra de las 10 mil actividades humanas que están ahí precisamente para eso, para dar a nuestra existencia no solo sustento, sino también sentido.

Y si una persona puede destilar algo al mismo tiempo tan poderoso, hermoso y duradero a partir de la mayor desgracia de su vida, ¿qué podríamos sacar nosotros de las nuestras? ¿que nos esperaría si un dia nos permitiéramos morir y dejar que, lo que sea que surja de aquéllos eventos, encuentre también un significado?

miércoles, 13 de diciembre de 2017

El motor que mueve al mundo.


La gente que sale con que el dinero fiat esta respaldado por un gobierno no suele entrar en mayor detalle simplemente porque no tiene idea de qué más podría decir además de lo "obvio" que ya dijo. La realidad es que el valor intrínseco de un billete es practicamente cero, porque una vez que te has hecho con la maquinita para imprimirlos, practicamente cero costaría generar un billete de cualquier denominación y en la cantidad que quisieras (con lo que amortizas de sobra el costo de la maquinaria y de la electricidad para operarla). Te harías rico con una inversión ridícula, si no fuera por el pequeño detalle de que vas a tener a un grupo armado en tu casa tarde o temprano si intentas hacerlo. Pues bueno, ahí tienen algo más que respalda el dinero fiat: las armas de los gobiernos. Pero a ningún economista le gustaría aceptar que su trabajo es básicamente justificar a un grupo de capos y trabajar para ellos. Por eso prefieren llamarlo "política monetaria". Pues si los hace sentir mejor, vale.

Ahora intenta generar un Bitcoin. Cualquiera puede hacerlo, si tiene suficiente paciencia y poder de cómputo. Pero verás que, a pesar de que nadie va a perseguirte ni castigarte por intentarlo (al contrario, la comunidad Bitcoin te agradece que lo hagas), tampoco te será fácil. Primero, vas a tener que comprar procesadores. Muchos. Y una vez que los tengas vas a tener que gastar continuamente electricidad para tenerlos funcionando. Eventualmente vas a minar un Bitcoin, y cuando lo vendas, apenas y vas a poder pagar por la electricidad que consumiste (si no es que no le sales incluso perdiendo). No basta con que gastes dinero en procesadores y electricidad, es que además, tienes que hacerlo de manera eficiente para que salga rentable. Así que ahí está, ese es el valor "intrinseco" de Bitcoin que por alguna (no tan) extraña razón el economista de los capos no termina de entender: Un Bitcoin representa el trabajo eficiente y honesto de una persona, que a continuación, lo intercambia con otra a cambio de un producto o servicio igual de eficiente y honesto.

Ahora vuelve a pensar en el dinero fiat: Cada mañana, las imprentas de billetitos se aceleran o desaceleran de acuerdo a los caprichos de algun político. Eso es lo que representa cada billete que tienes en la cartera: no trabajo honesto (ya no digamos eficiente), sino el simple capricho de un ser pequeño, estúpido e incompetente como solo un político sabe serlo. No sorprende entonces que el dinero fiat pierda constantemente su valor. No sorprende que en Venezuela, uno de los máximos exponentes de los caprichos y la imbecilidad burocrática, el dinero ya no valga nada. Menos mal que esto no es Venezuela, ¡o la república de Weimar! Pues sí pero, ¿por cuanto tiempo? La transición de una república a una dictadura es más rápida de lo que crees.

La realidad es que gobiernos y sus economistas alcahuetes estan cada dia mas preocupados, (fijate en todos los intentos que están haciendo China o EEUU para controlar y desprestigiar esta nueva tecnología que va en rumbo de colisión directo hacia ellos), y por buenos motivos. Si el dinero es el motor que mueve al mundo, un conjunto de monedas honestas para un sistema deshonesto se vuelve nada menos que revolucionario. Y si con esto no logramos cortarle la cabeza al Leviathan, al menos vamos a hacer que se retuerza de hambre. Comienza el final de las políticas monetarias.

lunes, 11 de diciembre de 2017

Extraordinarios delirios populares y la locura de las criptomonedas.

En su libro "Extraordinary Popular Delusions And The Madness Of Crowds" (extraordinarios delirios populares y la locura de las multitudes), Charles Mackay explora la psicología de masas en distintos episodios de la humanidad que va desde lo hilarante hasta lo patético. No podía faltar la tulipmanía, la burbuja especulativa que se desarrolló en Holanda en el siglo XVII y que fue relativamente bien documentada por los cronistas de la época. La mayoría de la gente conoce la historia en lo general, pero es en lo particular donde se adquiere el verdadero significado de las cosas.

Evolución del precio de los bulbos de Tulipanes
(Poster de René Pronk)
La historia corta es la siguiente: Los tulipanes tuvieron un auge de popularidad cuando fueron introducidos en Holanda a finales del siglo XVI. En algún momento, un virus benigno hizo que algunos tulipanes contaminados presentaran diseños únicos y exóticos, lo que hizo que se volvieran flores codiciadas por los aristócratas, hasta lo razonable. Lo razonable empezó a diluirse cuando se empezaron a negociar contratos a futuro: Dado que los bulbos de Tulipan (que fueron el verdadero objeto de la Tulipmanía, más que la flor en sí) no se podían estar trasladando hasta que el bulbo floreciera (lo que podía tardar años) y llegara al consumidor final, fue que se crearon los contratos a futuro: alguien compraba al agricultor no el bulbo, sino los derechos sobre el bulbo (que ejercería al cuando este floreciera y llegara el momento de venderlo), que a continuación vendía a un tercero (con ganancia), que a continuación vendía a un cuarto (con ganancia), que a continuación... cada nuevo intermediario inflaba mas el precio, y el siguiente intermediario lo compraba solamente porque esperaba venderlo mas adelante a otro intermediario. El precio de un bulbo estaba superinflado incluso antes de llegar al comprador final, y la locura se mantenia por la fé que tenían los distintos intermediarios en que, llegado el momento, algun idiota millonario compraría el bulbo a un precio final del que saldrían las ganancias para sustentar toda la cadena de especulación. La burbuja duró tanto como el tiempo que tardaron los primeros bulbos super-exóticos en florecer: cuando llegó el momento de buscar los compradores finales que pagarían toda la histeria colectiva, descubrieron que el consumidor no es estúpido. Nadie va a vender una casa para pagar por una flor bonita, que era basicamente el único uso de los tulipanes cuando le quitabas el componente especulativo. Ahí fue cuando llegó la catastrofe. Masivamente intentaron vender los contratos a futuro, primero a un precio moderadamente bajo, y finalmente al precio que fuera: Quienes lograron deshacerse de sus contratos antes de que reventara la burbuja, ganaron grandes cantidades. Los que no, perdieron toda su inversión.

Quien hace una comparación de la tulipmanía con Bitcoin y demás criptomonedas no suele entrar en mucho detalle simplemente porque desconoce tanto la historia de la tulipmania como la tecnología detrás de Bitcoin. Desde luego que hay coincidencias preocupantes:

1. Un aumento explosivo en la demanda (y por lo tanto en los precios). 2. Gente que se endeudó más allá de su capacidad de pago con la esperanza de que recuperaría más de la inversión (sin una garantía de que eso pasaría). 3. Falta de regulación gubernamental. 4. Optimismo generalizado sobre el futuro. 5. Escasez del producto (recordemos que no fueron los tulipanes comunes los que dieron pie a la euforia, sino variedades raras cuyos únicos bulbos disponibles en muchas ocasiones podían contarse con los dedos de la mano).

Pero también hay diferencias fundamentales entre la tulipmanía y Bitcoin:

1. La mayor parte de la especulación en el precio de los contratos a futuro en los bulbos se dió fuera del mercado final. Parte fundamental de la locura especulativa fue la cadena de intermediarios que no tenia información real sobre cual sería el precio final del bulbo una vez llegara al último eslabón (el consumidor). Bitcoin en cambio es un activo que se compra y vende directamente, sin intermediarios. Toda persona que adquiere Bitcoins está adquiriendo el producto final, es decir, en todo momento hay seguridad de que el consumidor final está dispuesto a pagar por el producto.

2. Los bulbos y tulipanes eran mercancías extremadamente efímeras, las personas que se involucraon en ese negocio sabían que, le fueran a sacar ganancia o no, tenian que deshacerse de sus contratos tan pronto como pudieran; de ahí que la burbuja reventara a la primera señal de peligro. Bitcoin es en esencia eterno, y por mucho que lo compres a un precio inflado y este caiga, no tienes prisa por venderlo (HODL), de modo que puedes esperar a tiempos mas propicios para vender en lugar de abandonarte a la locura.

3. La única utilidad de un contrato de futuros sobre el bulbo era el retorno sobre la inversión, es decir, la posibilidad de venderlo a mucho mas dinero del que lo compraste. En el momento en que el ROI bajó de cero, todo se desplomó. Bitcoin es un instrumento atractivo para muchas personas incluso con un ROI negativo por una sencilla razón: ningún asqueroso gobierno puede meterle mano. Y si no sabes lo valioso que es eso es porque tienes la fortuna de no vivir ni en un infierno fascista ni en un paraíso socialista.

4. La tulipmanía fue una burbuja en constante crecimiento hasta que llegó al punto de saturación de mercado y colapsó subitamente. Bitcoin ha llegado a perder el 40% de su valor e incluso pasar años con rendimientos mayoritariamente negativos, lo que no ha evitado que aumente poco a poco la demanda. Esto es particularmente importante: Quien hace comparaciones de Bitcoin con la tulipmania evita mencionar que las condiciones para una explosion de burbuja y fin de Bitcoin ya se han dado muchísimas veces, suficientes como para que alguien haya decidido llevar registro de las veces que se ha declarado muerto a Bitcoin.

En resumen, comparar Bitcoin con Tulipanes es absurdo. Por más que los haters digan que Bitcoin no tiene ningún valor intrínseco, la realidad es que Bitcoin tiene valor por su capacidad comprobada para saltar bloqueos gubernamentales e institucionales, la seguridad de su protocolo, su potencialmente infinita divisibilidad, la capacidad de mantener el anonimato (o al menos dificultar el rastreo) y la facilidad de transferirlos. Ninguna moneda o valor refugio habia ofrecido antes todo eso. Son las ventajas tangibles del Bitcoin las que le permiten que exista un mercado. Que actualmente el precio está inflado para el mercado que ralmente existe para BTC es algo perfectamente posible, y las correcciones de mercado no son nada raro para cualquiera que lleve algunos meses siguiendo el desarrollo de la criptomoneda. Bitcoin aún puede fallar, nadie pone en duda eso. Pero lo hará si una alternativa mejor y más eficiente logra arrancarle su lugar, y eso ya no tendría nada que ver con burbujas, sino simplemente con el mercado eligiendo el producto más óptimo. Si se quiere atacar Bitcoin, forzosamente tiene que ser desde el nivel técnico y no con comparaciones simplonas. Ahora que si se quisieran hacer comparaciones, el periodo historico que ofrece mayores similitudes con el Bitcoin es la Fiebre del oro y la expansión hacia el oeste en los EEUU. Pero de eso hablaremos en otra entrada.

viernes, 1 de diciembre de 2017

Y AC dijo: "¡Hagase Blockchain!"


Isaac Asimov siempre fue optimista respecto al futuro. En uno de sus cuentos cortos (y uno de los mejores), "La Ultima Pregunta", Asimov juega con la idea de qué tan pequeña y poderosa puede hacerse la tecnología. Multivac, la mas grandiosa computadora que construyera la humanidad, ocupaba al principio cientos de km cuadrados. Sus cálculos ayudaron a resolver el problema del viaje por el hiperespacio y con ello la humanidad pudo evantualmente poblar todo el universo. Con el tiempo Multivac se logró reducir a varios edificios, luego se empezó a mejorar a sí misma y logró que cupiera en una habitación. Finalmente, en algún momento dejó de existir fisicamente: multivac se "mudó" al hiperespacio, un lugar compuesto por dimensiones adicionales a las 3 que el ser humano puede detectar. La única manifestación física que quedó de ella fueron los receptores desde los cuales Multivac podía escuchar a los humanos cuando acudían buscando la solución a algún problema. "La mayor parte está en el hiperespacio. Ignoramos qué forma haya tomado ahí".

Puede parecer inverosímil que algo "físico" deje de ser físico, pero no hace falta rascar demasiado para encontrar ejemplos reales. Hace 1000 años, cualquier riqueza forzosamente tenía que "existir" de alguna manera. Incluso cuando el dinero se resguardaba y se cambiaba por una libreta contable (cosa que ya se hacía desde Babilonia), podías rastrear el origen de esa riqueza hacia algo concreto y tangible. No habia en el mundo un solo objeto de valor que estuviera desprendido de cualquier atributo físico. ¿Como podría haberlo?

¿Pero qué son las acciones de google? ¿Puedes mostrarme una? ¿Puedes tocarla o decirme donde está? ¿Como podrías explicarle a un Babilonio que 100 mil acciones de google te hacen asquerosamente rico? ¿qué produce google? Internet ha creado un lugar donde existe una increible cantidad de cosas valiosas, pero si lo piensas bien, todo esto de internet debería de darnos un poco de miedo por la complejidad de lo que hemos creado. Podemos como humanos ver la manera como la riqueza de internet se manifiesta en nuestras tres dimensiones, pero el "ciberespacio" se ha convertido, para fines prácticos, en una nueva dimension, perfectamente adaptada a las máquinas, no a los humanos. Inteligencias artificiales viviendo dentro de memoria RAM hacen a diario millones de operaciones en mercados financieros, sin ninguna supervisión humana. Cada día generamos más objetos valiosos con cada vez menos atributos físicos.

Con Bitcoin hemos dado un paso más. Antes la gente resguardaba el oro y este ha sido durante miles de años el valor refugio por excelencia. Pero el oro es difícil de transportar y de manejar, es caro resguardarlo, es riesgoso mantenerlo, y es increiblemente difícil transferirlo. BTC es el resultado de haberle quitado al oro todos sus atributos físicos y dejado solamente aquello que le daba valor. BTC es oro digital, un activo increiblemente valioso que puedes enviar al otro lado del mundo instantaneamente, con un costo de transferencia ridículamente bajo y con absoluta seguridad. Que puedes minar tu mismo simplemente haciendo cálculos. Bitcoin no vive en internet. Si un dia el gobierno apagara internet, podriamos continuar realizando transacciones en BTC mediante señales radiofónicas. Bitcoin no vive en las computadoras. Si un dia estas desaparecieran, podriamos seguir minando bitcoins con lapiz y papel y continuar trabajando con la blockchain. ¿Donde vive Bitcoin entonces? La respuesta es: en ningún lugar. Desde el momento en que Satoshi Nakamoto creó su withepaper, bitcoin apareció, existe en todas partes y para cualquier persona. Su respaldo no es ningún gobierno, institución, persona, o valor físico. Su respaldo es la criptografía y las leyes de la matemática, inmutables e incorruptibles. Existen 21 millones de Bitcoins, pero hasta ahora solo hemos logrado minar 16 millones. Nadie en este momento (ni siquiera el mismo Satoshi) puede disponer de los otros 5. ¿Dónde están esos otros 5 millones? Escondidos. ¿Escondidos por quién? Por las matemáticas.

Bitcoin no es algo físico. Es una idea, un algoritmo. Por eso comprendo perfectamente que la mayoría de la gente lo mire con desconfianza y no entienda cómo es que puede ser tan valioso. Pero la sociedad funciona así: las cosas son como son... hasta que dejan de serlo. Y una idea que para una generación es totalmente antinatural y extraña, para una nueva generación ya es el orden natural de las cosas. Nuestros nietos se preguntarán como es que pudimos vivir sin blockchain.

lunes, 1 de junio de 2015

Socialismo y Crisis en la Roma de Diocleciano (Parte II)


En la entrada anterior presentamos la situación que atravesaba Roma cuando Diocleciano llegó al poder. Recuerde el lector que no estamos hablando ya de la Roma invencible y grande de las historias, sino del imperio en sus últimos años, totalmente colapsado debido a sus propias contradicciones y estrangulado a muerte por su propia aristocracia podrida. La moneda no valía ya nada, los precios escalaban sin parar, los pequeños y medianos propietarios, alguna vez trabajadores libres, perdían sus tierras a manos de los terratenientes. Los impuestos eran más altos que nunca, pero la recaudación estaba por los suelos.

Roma enfrentaba una crisis productiva, monetaria, militar, moral, y se requerían no menos que unos cojones de acero para tomar las riendas en medio de ese monumento colapsando. Diocleciano los tuvo, y por ello la historia lo honró con el título de el último gran emperador romano. Y no es que le alcanzaran para salvar a Roma de la destrucción, pues a esas alturas del partido ya no había fuerza en el mundo capaz de evitar la caída del imperio, y el lo sabía muy bien. Roma ya no era ni siquiera un lobo moribundo, sino un cadáver en avanzado estado de descomposición. Parte de la genialidad de Diocleciano consistió en darse cuenta de ésta situación, y derivado de ello, hizo lo mejor que se podía hacer en esas circunstancias: le echó cal.

Las reformas de Diocleciano.


Muchos fueron los edictos y leyes que Diocleciano decretó para poner un poco de orden en medio del caos (un orden de cementerio, como ya dijimos, pero orden al fin). Algunos de esos decretos tuvieron más éxito que otros, pero bueno, el premio al esfuerzo ahí está. Veamos sólo algunos.

Edictum De Pretiis Rerum Venalium

El edicto sobre precios máximos, edicto sobre precios, o simplemente edicto de Diocleciano fue el nombre de la norma promulgada por éste que regulaba los precios de ni más ni menos que 1300 productos, así como los salarios asociados a cada oficio que se dedicaba a producirlos. Pues sí, los controles de precios no los inventaron los socialistas. En eso también nos ganaron los romanos. y como las izquierdas bananeras modernas, este edicto estuvo motivado por un problema bien claro: la inflación.

Las escaladas de precios han sido el quebradero de cabeza más antiguo de los gobiernos, y las soluciones intentadas no podrían ser más variadas. En particular, la propuesta de Diocleciano ya se había intentado muchas veces antes, pero jamás de una manera tan masiva y minuciosa. Ya sabemos cómo funciona el razonamiento, personajes como Maduro, presidente de Venezuela, nos lo puede explicar muy bien: Si los granjeros avariciosos están aumentando el precio del trigo, bastaría que decretaras un precio máximo del trigo para acabar con la inflación, ¿verdad?... ¿verdad, amigos?

El problema de éstas leyes es que tanto productores como consumidores tienen grandes incentivos para no respetarla. Claro que en esa época había cojones y la pena por violar ésta norma era ni más ni menos que la muerte, con lo que dicha ley se respetó mucho más que ahora. ¿Y dejaron de aumentar los precios? Pues sí, la inflación se controló un poco, más que nada porque los productores, ya no pudiendo obtener ganancia por la venta de sus productos, y teniendo que escoger entre morir por violar el edicto y morir de hambre, pues la mayoría decidió morir de hambre. La inflación se fue para dar lugar a la escasez, y la escasez, finalmente, dio origen a un mercado negro, aquel donde personas totalmente fuera de la ley vendían trigo en algún oscuro callejón a precios 10 veces más altos que los oficiales, pero que al menos les daba tanto al vendedor como al comprador la posibilidad de sobrevivir un día más (si es que no los descubrían, por supuesto). Al final, el edicto sobre los precios no tuvo los efectos que Diocleciano esperaba y se convirtieron en letra muerta.

Sobre los impuestos.

La caída de la recaudación que comentamos anteriormente no estuvo motivada solo por la pobreza generalizada. Estaba también el problema de la devaluación masiva de la moneda, pues no pudiendo comprar con los denarios ni el papel para limpiarse el culo, ¿de qué le servía al recaudador cobrar los impuestos en ésta moneda? Precisamente porque las necesidades recaudatorias seguían ahí y la moneda ya no podía ser usada para estos fines, fue que comenzaron las medidas confiscatorias de las que hablamos antes: el recaudador entrando directo a la cocina a tomar lo que quería sin tener que rendir cuentas a nadie.

También en esto tomó cartas el emperador, esta vez con un poco más de éxito. Sabiendo bien que la propia moneda del imperio estaba muerta, Diocleciano formalizó la situación y dictó una serie de normas que calculaban cuánto debía pagar cada ciudadano en términos ya no de denarios (u otras monedas), sino de gallinas, grano y demás productos. Los ciudadanos pasaron a pagar como impuesto un porcentaje de aquello que ganaban o producian. Los funcionarios iban a la granja de manzanas, contaban el número de árboles y le decían cuántas libras de manzanas tenía que entregar al fisco a fin de mes. A continuación iban con el productor de trigo, medían las hectáreas de tierras cultivables así como la cantidad de lluvia y fertilidad de la tierra y le decían cuánto trigo debía entregar. No hace falta decir que se necesitó un censo masivo de todas las propiedades y riquezas de roma, pero al menos esto ayudó a poner un poco de orden (y eliminar un poco la discrecionalidad) en el cobro de los impuestos. Dado que los legionarios y funcionarios tenian, en general unas necesidades bien identificadas, al imperio le resultaba más sencillo calcular sus necesidades en términos de los recursos que necesitaba para mantener al ejército, la burocracia y los edificios, de modo que pudo establecer cargas más razonables a los productores. Por otra parte, el saber exactamente qué tendrían que entregar le dio a los ciudadanos un pequeño respiro, comparado con la situación anterior de confiscación ad hoc.

Ligados al trabajo.

El problema de la iniciativa privada, en todos los gobiernos de todas las épocas, es que no se puede mantener quieta. Para cada producto había sido ya calculado un precio y de éste modo las ganancias del productor quedaban irrevocablemente ligadas a éste. El problema es que los precios seguían cambiando, de modo que cuando al productor ya no le resultaba económicamente atractivo seguir produciendo para vender bajo los precios controlados, éste simplemente abandonaba su taller y se largaba a mitad de la noche. ¿Solución? Ligar a las personas a su trabajo.

Diocleciano decretó que cada persona quedara permanente e irremediablemente atada a su puesto. Más aún, los propios hijos debían aprender el oficio de sus padres y heredar su puesto cuando esté llegase a faltar. Si eras un agricultor, lo seguirías siendo por el resto de tu vida, así como tus hijos, y los hijos de tus hijos, y los hijos de los hijos de tus hijos, y los... bueno, se entiende la idea. Especialmente el campesino fue ligado a su tierra, lo que fue la base del sistema económico que sustituiría el vacío que dejó Roma durante los mil años siguientes: había llegado el siervo de la gleba, ese que no podía huir de su feudo porque no encontraría trabajo en ningún otro lugar (si es que no lo encontraban y mataban primero).

Diocleciano... ¿el emperador socialista?

Control de precios y salarios, combate a la especulación y el acaparamiento, economía planificada... muchos socialistas creen que lo suyo es una idea nueva, que ellos fueron la primera generación de administradores que tuvieron que lidiar con problemas como la hiperinflación y el acaparamiento y que dichos problemas son siempre responsabilidad de la burguesía capitalista. Pero como ya hemos visto, nada mas lejos de la realidad. Desde luego, el socialismo como concepto es muy nuevo (al igual que el concepto de capitalismo), y al igual que pasó con el periodo proto-capitalista de la Roma de Augusto (del que ya hablamos en una entrada anterior), Diocleciano no tomó medidas basadas en ideologías o simpatías, sino en lo mejor que pudo hacer de acuerdo a su propio juicio. Los antecedentes, sin embargo ahí están, y las causas y efectos de las distintas medidas también, para cualquiera que tenga el interés en aprender de la historia.

El último gran emperador romano.

Pues sí, Diocleciano estableció controles de precios y ligó a la gente a su trabajo, mejoró lo poco que podía el sistema de impuestos y la gente pudo gozar de un breve periodo de paz. Sin embargo, la caida de Roma (hecho histórico que se usa para marcar el fin del periodo clásico y el inicio de la Edad Media) llegó apenas 200 años después de la muerte de Diocleciano. Considerando que Roma duró unos buenos 1200 años desde su fundación hasta su caída final, tampoco parece que haya sido un gran logro. Entonces, ¿por qué le llamaron a Diocleciano el último gran emperador romano?

Bueno, para empezar y como ya dijimos, no se iba a encontrar en todo el imperio una roca lo suficientemente grande como para poder esculpir en tamaño real los cojones que tuvo al tomar las riendas del imperio de la manera como los tomó. Los emperadores blandengues que llenaron los capítulos finales de la historia de Roma no solo tuvieron finales rápidos y patéticos, sino que provocaron innumerables muertes y miseria debido a su incapacidad para manejar la economía de un imperio en contracción. Emperadores débiles generaron guerras civiles, purgas, invasiones y saqueos.

Diocleciano, al menos, tomó su oportunidad y le dio a Roma un último breve periodo de paz, uno lo suficientemente tranquilo y estable como para meter el cadáver del imperio en un ataúd, cerrarlo muy bien y enterrarlo definitivamente. La mayor aportación de Diocleciano a la historia fue el haber podido establecer, de una manera más o menos organizada, las bases económicas para que el feudalismo reemplazara al modelo inservible del periodo clásico. Más aun, tras 21 años de ostentar el título de emperador, Diocleciano abdicó y dejó el imperio en manos de un sucesor, algo totalmente anormal para los emperadores de esa época, que hacían lo que fuera por obtener el poder, ya no digamos conservarlo. Por otro lado, a Diocleciano nunca le interesó ser quien dirigiera las cosas tras bambalinas, a tal grado que cuando sus hijos fueron a visitarlo en la finca donde él pasaba su retiro, con el fin de pedirle volver a la vida política, Diocleciano respondió

Si pudieras mostrar la col que yo planté con mis propias manos a tu emperador, él probablemente no se atrevería a sugerir que yo reemplace la paz y felicidad de este lugar con las tormentas de la avaricia nunca satisfecha.

Diocleciano no solo alcanzó el logro de haber dejado al imperio mejor de lo que lo encontró (algo extremadamente difícil en la época que él vivió), sino que tuvo además el honor de ser uno de los pocos emperadores en la época tardía del imperio que moriría en la comodidad de su cama y a muy avanzada edad.

sábado, 14 de junio de 2014

Socialismo y Crisis en la Roma de Diocleciano (Parte I)


En la entrada anterior hablamos de un periodo "casi" capitalista en la Roma de Augusto, periodo que abarcó buena parte de la pax romana y que se iría diluyendo durante las decadas siguientes conforme el imperio romano entró en decadencia. En ésta ocasión, hablaremos sobre el emperador Diocleciano y el "casi" socialismo que se implantó en dicho periodo.

Como habíamos comentado antes, ese "casi" debe tomarse con mucho cuidado. En aquellas épocas no existían términos como "capitalismo" o "socialismo". No existía ese afán por definir y delimitar cada idea y medida que se aplicara, y la gente no se volvía loca defendiendo (o atacando) alguna de las posturas. Desde el principio hasta al final los regentes romanos se basaron más en criterios utilitaristas que morales (con algunas excepciones), y la gente de igual modo aceptaba lo que viniera dependiendo de cuán bien funcionaba, sin meterse en dilemas morales. Conceptos como "derechos humanos" estaban apenas empezando a permear en la sociedad, y otros como "contrato social" estaban lejos de ser inventados; el estudio de la economía se limitaba a poco más que llevar una estricta contabilidad cuando de las arcas del imperio se trataba, y de finanzas personales y algunos instrumentos financieros si se hablaba de las familias o instituciones privadas. Cuando los romanos implementaron su socialismo, no sabían realmente lo que estaban haciendo, y para ser justos, cuando conquistaron el mundo, tampoco. Vamos a jalar un poco de historia primero, porque sin el contexto no tenemos nada. Así fue cocinándose la situación que tendría que enfrentar Diocleciano para cuando llegara al poder.

Fin del la expansión.


Durante la Pax Romana, la estabilidad en todas sus formas (económica, comercial, monetaria, militar, etc) permitió el rápido progreso de la sociedad Romana hasta niveles nunca antes alcanzados. Si bien es cierto que las políticas liberales permitieron al comercio expandirse por todo el mediterraneo y dentro de las fronteras (con el consecuente aumento en el nivel de vida), también es innegable que las grandes obras de infraestructura, así como el ejército que el imperio necesitaba para mantener la paz, estuvieron siempre financiados en parte gracias a la expansión militar. Cada vez que el imperio se anexionaba nuevas provincias, un caudal de dinero producto del tributo de la región conquistada entraba a las arcas, dinero que era entonces usado para seguir financiando las obras de infraestructura y el ejército. Estas entradas masivas de recursos terminaron subitamente con el final de la expansión militar. Cuando el imperio llegó a su máxima extensión territorial, entró en una nueva situación en la que todo su financiamiento debía ser obtenido dentro de las fronteras. El gran problema de los gobiernos (sean los actuales o los de hace tres mil años) es que se expanden con mucha facilidad, pero difícilmente se contraen. A través de su historia, Roma desarrolló una necesidad de expansión para poder sostener su estructura, de modo que cuando el imperio romano ya no tuvo más regiones exteriores de las cuales financiarse, volteó subitamente hacia dentro de sus fronteras y comenzó a devorarse a sí misma, poco a poco al principio, pero cada vez más rápido conforme la situación fue empeorando.

El imperio alcanzó su máxima extensión en el siglo II. A partir de ese momento,
cualquier financiamiento que necesitara tendría que salir desde dentro de sus fronteras.

Guerra civil.


La gradual corrupción de los emperadores romanos (junto con toda la clase política) terminó llevando al imperio a una lucha constante entre personas hambrientas de poder. Para el siglo III, el imperio romano se encuentra dividido en tres debido a una guerra civil, cada fragmento gobernado por un autoproclamado César (emperador) y cada César combatiendo a los demás para comerse todo el pastel. La anarquía (en su acepción más común, esto es, el caos) recorría todo el mundo conocido. La debilidad del poder central hizo que los bárbaros de las regiones exteriores del imperio se abalanzaran sobre la antes invencible Roma desde todas las direcciones. Los Césares estaban más interesados en hacer la guerra con sus homólogos que en defender a sus ciudades de los bárbaros, y por si no fuera suficiente, los gastos de la guerra requerían de impuestos crecientes, lo que aceleró cada vez más la destrucción del tejido productivo (ya sea por los impuestos o debido a las invasiones).

Facciones en disputa por el poder (siglo III).

Inflación.


La economía romana se basaba en el concepto de dinero-mercancía, esto es, monedas que tenían un valor tangible debido a su composición de metales preciosos. Las tres principales monedas que acuñó el imperio fueron el aureo (hecho de oro), el sestercio y el denario (estos dos últimos hechos de plata). Salvo muy contadas ocasiones, el imperio nunca tuvo un erario rebosante de dinero, y dado que los impuestos podían hacer muy impopular al emperador en turno, la tentación de buscar otras fuentes de financiamiento era grande, de modo que para hacer frente a las necesidades de efectivo, el imperio tuvo siempre una política de degradación de la moneda, es decir, alterar de manera consciente la composición de ésta (agregando metales de menor valor o reduciendo el tamaño) para poder crear más monedas con la misma cantidad de metales preciosos. Con esto el imperio podía seguir realizando pagos, pero debido a que al final tienes más monedas en circulación, éstas comienzan a perder su valor, lo que provoca un efecto inflacionario. Para cuando Diocleciano llegó al poder, el aureo tenía solamente el 66% de oro de lo que tenía en la época de Julio César, y el Denario, que en su mejor momento era casi exclusivamente de plata, ya no contenía más del .02% de éste metal. ¿Resultado? una escalada de precios de 15000% en un periodo de 80 años, y la devaluacion casi total de la moneda, con las lógicas consecuencias para la economía.

Impuestos.


La manera más directa que tenía Roma para cobrar impuestos era mediante el impuesto directo al ciudadano como el impuesto a las tierras y propiedades. Como medios indirectos, se tenían los impuestos en las importaciones y exportaciones, que debían pagar los comerciantes si querían entrar o salir de los puertos romanos. En contraste con el 33% aproximadamente que pagan los ciudadanos de las democracias modernas, los romanos pagaban en total un 5% de su riqueza en las mejores épocas del imperio, lo que era suficiente (otra vez teniendo en cuenta el financiamiento extra que se obtenía de la expansión militar) para financiar las obras públicas y el ejército (que gracias al liderazgo y estrategia de sus generales, podía mantener el orden en todo el imperio sin incurrir en gastos excesivos). Conforme pasó el tiempo, los impuestos fueron aumentando hasta llegar a niveles insostenibles. La expansión de los impuestos fue motivada por varias causas: el aumento en los subsidios al desempleo, los crecientes gastos de guerra de parte de las facciones en disputa, el aumento gradual de la burocracia y el final de la expansión militar contribuyeron a que el imperio aumentara cada vez más sus exigencias recaudatorias.

Bajo el periodo de Augusto, la tasa de impuestos era fija para todos (pagabas lo mismo independientemente de cuánto dinero tuvieras), política que fue gradualmente desplazada por impuestos progresivos conforme el imperio fue necesitando cantidades crecientes de dinero. Estos impuestos progresivos estuvieron motivados por muchos factores excepto el de la justicia social. Todo emperador que quisiera conservar la vida durante un periodo de tiempo razonable debía entender perfectamente que la opinión pública resultaba fundamental para mantenerlo donde estaba. Un emperador impopular podía ser fácilmente asesinado, como fue el caso de Calígula o Neron, de modo que cuando el imperio necesitaba dinero, aumentar impuestos a las clases bajas o medias resultaba peligroso, si no es que suicida. Las clases altas resultaban un mejor blanco a la hora de obtener más dinero de impuestos.

La guerra contra la riqueza.


La creciente presión fiscal sobre las clases altas no estuvo motivada solamente por las necesidades recaudatorias. Casi desde el comienzo, y debido a su estructura, las familias más ricas de Roma eran las portadoras del poder político, que recaía en gran medida en el senado. La transición de Roma de la república hacia el imperio hizo que el poder político cambiara de manos, siendo el senado poco a poco desplazado por la figura del emperador.

Debido a que el senado era la única institución que podía limitarlos, los emperadores concentraron cada vez más energía en quitarle su poder, y la manera más directa para hacer esto era quitandole su riqueza. Con esto los emperadores mataban dos pájaros de un tiro: quitaban poder a sus "enemigos" y al mismo tiempo hacían entrar dinero a las cada vez más hambrientas arcas públicas. Las familias más ricas de Roma vieron aumentar la presión recaudatoria hasta niveles confiscatorios conforme los emperadores consolidaban su poder. Ante dicha presión, los miembros de las clases altas se refugiaron en valores más pequeños y portables para poder esconderlos del recaudador de impuestos. Las familias ricas dejaron de invertir en cultivos, granjas, talleres y comercios (que eran fácilmente identificables y gravables) y comenzaron a atesorar y guardar sus riquezas en forma de metales, piedras preciosas y otros artículos de alto valor. Al final, el sistema tributario implosionó y los impuestos que el imperio obtenía de las clases altas se fueron a mínimos. Ya solo quedaban dos clases de ricos: los que eran amigos del imperio (y por lo tanto intocables), y los que ya habían escondido del recaudador lo poco o mucho que les quedaba de riqueza. El imperio ya no obtendría más de ellos. No pudiendo exprimir más a las clases altas, y dado que los gastos de la burocracia se mantenían en los mismos niveles, el imperio volteó hacia las clases medias para cubrir el hueco fiscal que dejaron las clases ricas en retirada; cuando la clase media terminó por abandonar también el tejido productivo, le tocó el turno a las más bajas.

La guerra contra la riqueza la sufrieron, como siempre, los individuos más pobres de la sociedad romana, que pasaron de tener poco a no tener absolutamente nada (en contraste con las familias más ricas, que pasaron de ser inmensamente ricas a ser ricas a secas). A esto sumemos la depreciación de la moneda producto de las políticas de degradación, y para el siglo III obtenemos un tejido productivo totalmente destruido y un sistema tributario colapsado, a tal nivel que el imperio ya había abandonado cualquier intensión de guardar las apariencias y tomaba los recursos directamente, siempre que los necesitara y de donde pudiera sacarlos. El recaudador (acompañado a menudo por miembros del ejército) entraba en las pocas granjas que quedaban y tomaba vacas, cerdos o cualquier otra cosa que pudiera llevarse. Entraba a las casas y se llevaba alhajas, tejidos y demás riquezas. La gente solo podía ver con impotencia cómo lo poco que le quedaba le era robado de manera impune.

El abandono de las ciudades.


Hubo una época en la que la ciudadanía romana era lo más valioso que una persona en el lado occidental del planeta podía obtener. Los bárbaros de las fronteras del imperio escuchaban de sus abuelos las historias de la ciudad eterna, de sus acueductos, de sus maravillas de ingenieria, de sus legiones invencibles y sus ciudades inconquistables. Sólo podían imaginar lo que significaba ser ciudadano romano y con ello ser el propio dueño de su vida y de su destino. Para el siglo III esa época ya había quedado atrás. En estos nuevos tiempos, ser ciudadano romano significaba pagar más impuestos, significaba vivir en ciudades cada vez más decadentes y propensas a sufrir invasiones. Era tener que lidiar con la corrupción en todas sus formas, el tener que sobornar funcionarios para que se le permitiera trabajar su tierra, luego sobornar al inspector para poder vender sus mercancías en el mercado y luego dar dinero al asaltante para poder llegar con vida a casa. Era tener que soportar los aumentos de precios y la cada vez más acuciante escasez de productos. Ser ciudadano romano era una mierda, y debido a esto, llegó un momento en el que el flujo migratorio, que siempre había sido desde las provincias hacia las ciudades, cambio de dirección: la gente comenzó a abandonar las ciudades para probar suerte en el despoblado, en las aldeas, en los territorios bárbaros de las provincias exteriores. El sueño americano no era nada nuevo, lo inventaron los romanos: y también a ellos les tocó verlo desvanecerse.

La llegada de Diocleciano.


Crisis. Esa era la palabra que describía al imperio cuando Diocleciano (llamado el último gran emperador romano) llegó al poder, en el año 284 D.C. Apenas 10 años antes el emperador Aureliano había conseguido acabar con la guerra civil, y esa era realmente la única buena noticia entre el caudal de problemas que Diocleciano tenía enfrente. Para resolverlos, recurrió a una serie de medidas extremas, pero seguramente necesarias. De las medidas que tomó Diocleciano para remediar la crisis, así como de las consecuencias históricas que tendrían hablaremos la siguiente entrada.

(continuará...)


domingo, 26 de enero de 2014

Capitalismo y Crisis en la Roma de Augusto (parte II).


Fue bajo el reinado de Augusto (primer emperador del Imperio Romano) que comenzó la Pax Romana, periodo que duró aproximadamente dos siglos y durante el cual el imperio mantuvo un ambiente de relativa paz y prosperidad dentro de sus fronteras. En la entrada anterior presentamos un pequeño panorama de la situación del ciudadano común durante este periodo; en esta ocasión, vamos a ver el panorama macroeconomico y la manera como se desarrolló una de las muchas crisis que sufrió el imperio, empezando por la que provocó el propio Augusto a su regreso de Egipto, tras haber derrotado a Marco Antonio y Cleopatra (finalizando así la guerra civil y proclamándose emperador).

Augusto haciendo pose
Bling Bling tras su regreso
triunfal con el tesoro de
Egipto.
Y es que Augusto, tras terminar la guerra civil y habiendose anexionado Egipto como provincia del imperio, tomó buena parte del tesoro de los faraones y lo llevó a Roma para reanimar el comercio. Barcos cargados de oro y piedras preciosas llegaron a los puertos de la peninsula italica listos para llenar de riqueza a sus ciudadanos. O eso creyó Augusto, porque la verdad es que el oro no es riqueza, ni puede generar riqueza por si mismo. De modo que cuando Augusto puso en circulación el tesoro de Egipto, lo que pasó fue economía de cajón: al aumentar la masa monetaria (mientras la producción de todos los bienes y servicios se mantenía en su mismo nivel) los precios se fueron a las nubes. Esto no sería problema en una economía de información perfecta, donde todos los agentes tienen toda la información exacta de la masa monetaria en existencia (y el poder de cómputo necesario para hacer sus cuentas). Bajo información perfecta, todos los precios simplemente sufrirían un reajuste y la economía seguiría exactamente igual que antes. Todo costaría más, pero todos tendrían en la misma medida más dinero, de modo que el poder adquisitivo, en promedio, no habría variado.

Lo que envenena no es la inflación, sino la incertidumbre. Y fue incertidumbre lo que inundó al imperio al mismo tiempo que el oro. Póngase el lector un momento en la situación de un productor romano: El primer dia se entera de la excelente noticia de que Augusto ha regresado de Egipto con el tesoro de los faraones listo para entrar a las arcas del imperio. Al segundo día los precios de algunos productos empiezan a aumentar, incluyendo los de aquellos que usted usa como insumos para producir. Al tercer día se ve obligado a aumentar también el precio de sus mercancías. Al cuarto día los precios vuelven a aumentar. Al no saber si estos aumentos continuarán (y a que nivel) el quinto día usted aumenta aún más los precios, intentando adelantarse a la inflación. Repita la misma lógica con cada uno de los ciudadanos romanos y tiene como resultado una inflación galopante como no se había visto en muchas generaciones.

La inflación continuó durante todo el reinado de Augusto (casi 40 años) y casi podría decirse que el ciudadano romano ya se habia acostumbrado a ella, de modo que la incertidumbre fue reduciéndose paulatinamente, al tener las personas unas expectativas más o menos acertadas de dónde estarían los precios el siguiente mes o el siguiente año. Recuerde el lector que no es trucho en estos menesteres que la inflación no solo afecta los precios, sino también los intereses de las deudas. Porque si yo le presto 100 liras hoy y me las va a pagar (junto con los intereses) hasta dentro de un año, yo espero que cuando haya saldado la deuda pueda yo comprar con ese dinero más que lo que podía comprar cuando se lo presté. Si yo calculo que la inflación será de un 50% anual, entonces si le presto 100 liras espero que me regrese, al menos, 150 (más los intereses). El que se endeuda también tiene esto en cuenta, de modo que con una inflación (constante y predecible) del 50% anual, unos intereses de 55 o 60 puntos no son para nada leoninos.

La inflación (o más bien, la incertidumbre provocada por la inflación) durante el periodo de Augusto dejó la economía del imperio susceptible, pero lo que de verdad la remató fue la "solución" a la inflación. Porque cuando Tiberio sucedió a Augusto en el trono, éste decidió que la inflación era cosa mala y que habia que acabar con el problema de raiz. Y si lo que inició el problema fue el aumento de la masa monetaria, entonces la solución obvia era una reducción drástica de ésta (es decir, sacar de circulación todo el oro que trajeron de Egipto y volver a enterrarlo bajo las piramides). O eso pensó Tiberio, porque cuando éste interrumpió bruscamente la espiral inflacionaria sacando de circulación buena parte de la masa monetaria, lo que pasó fue, otra vez, economía de cajón.

Busto de Tiberio tras comprobar
los efectos perniciosos de reducir
la masa monetaria en circulacion.
"Shit!"
Y es que, en efecto, la inflación se detuvo bruscamente, con lo que se solucionó el problema. Pero la incertidumbre (que es lo que realmente jode) volvió a inundar el imperio. ¿Recuerda esa deuda de 100 liras que pidió en enero con la promesa de devolver 160 exactamente dentro de un año? Pues resulta que tras la decisión de Tiberio, la inflación se detuvo, su cosecha anual ya no la vendió a 160 liras, sino a 110, de modo que tendrá que cubrir esas 50 liras sobrantes con sus ahorros personales (si es que tiene algunos). De modo que corre al banco a retirar dinero contante y sonante, pero cuando llega, resulta que hay una fila de 200 personas que tuvieron exactamente la misma idea (y por exactamente las mismas razones).

La situación de su banquero no estaba mucho mejor. El coeficiente de caja como concepto se inventó hace muy poco, pero se viene usando desde hace mucho tiempo. Los banqueros romanos ya sabían (por simple experiencia) que muchas de las personas que pedían prestamos no requerían el dinero en efectivo, sino que bastaba un cheque, pagaré, o bono emitido por el banco para levantar la orden. De este modo el banquero, aunque tuviera 10 mil liras en la bóveda, podía levantar préstamos por 15 o 20 mil liras (simplemente dando papelitos en lugar de oro real, que estaba bien guardado en la bóveda), y nada malo pasaría en tanto los clientes no acudieran al banco en masa a retirar su oro. El problema es que en ésta ocasión, los clientes sí que comenzaron a acudir en cantidades cada vez mayores. Los primeros en quebrar fueron los pequeños banqueros, que de esas 15 mil liras que debían devolver, pudieron devolver solamente las 10 mil que tenían, dejando al resto de las personas sin un centavo. Cundió el pánico y la gente fue, ahora sí en masa, a retirar su dinero (lo necesitaran o no). El banco de Balbo y de Olio tuvo que hacer frente en un solo dia a más de 300 millones de obligaciones, lo que lo obligó a declararse en quiebra y cerrar las ventanillas. Productores y comerciantes, no pudiendo hacer frente a sus deudas, comenzaron a quebrar también.

Uno de los bancos más grandes, el de Máximo y Vibón, que se encontraba al borde del colapso, pidió ayuda al de Pettio. Se corrió el rumor y fueron ahora los clientes de Pettio los que corrieron en masa al banco a retirar su dinero, impidiéndole rescatar a sus colegas (LOL). El pánico salió de la ciudad de Roma y se esparció a las provincias. Lyon, Alejandría, Cartago y Bizancio fueron simultáneamente inundados de gente que acudía a retirar su efectivo. Los pequeños productores, incapaces de aguardar a la siguiente cosecha para hacer frente a sus obligaciones, tuvieron que entregar sus terrenos en favor de los latifundistas, que estaban en mejores condiciones de resistir.

Al final, Tiberio distribuyó cien mil millones de liras entre los bancos, con la condición de prestarlos a 3 años sin intereses, lo que logró devolver la confianza y restablecer (en mayor o menor medida) los creditos y el consumo. Todo esto pasó en los primeros 50 años de la Pax Romana, lo que dejó los siguientes 150 para llevar a Roma, ahora sí, al periodo de paz y esplendor del que hablamos en la entrada anterior.

Aquella ocasión no fue la primera en la que un emperador metería la mano en la economía, ni sería la última. Este periodo de crisis fue de relativamente poca importancia porque no se afectaron los fundamentos de la base productiva del imperio, de modo que la recuperación no tardó en llegar una vez que finalizaron los desequilibrios macroeconomicos generados por las políticas de Augusto primero y Tiberio después. Las peores crisis de Roma no habían llegado aún, crisis derivadas de periodos inflacionarios y de sobreregulacion provocados por un aparato estatal que había perdido total contacto con la realidad, lo que terminó por destruir, ahora sí, la base productiva del imperio, llevándolo a su caída. De eso hablaremos en las siguientes entradas.

(continuará...)